José Navarro. Párroco de Santa Pola.
 

Un tiempo de gracia y para el encuentro

 
Jueves 5 de abril de 2012 0 comentarios
 

En estos primeros días de primavera, celebramos, como cada año, el gran acontecimiento de la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesús de Nazaret, el Señor. Una nueva oportunidad para contemplar y entrar en lo esencial del cristianismo: la persona de Jesucristo y su mensaje de amor. Se trata, por lo tanto, en estos días grandes, de pararnos y ver qué lugar ocupa Dios en mi vida como creyente, y qué papel está jugando en mi día a día el amor, como característica singular del mensaje cristiano.
Cuando estamos viviendo una intensa crisis de valores humanos y espirituales, y la situación económica está rompiendo la vida y proyectos de muchas personas y familias, es importante abrir el Evangelio y ver que también entonces la sin razón humana, es decir, la manipulación de la verdad y el rechazo de Dios, complicó las cosas y llevó a la Cruz al Inocente, al que pasó entre nosotros haciendo el bien, defendiendo la vida y poniendo a la persona por encima de cualquier pensamiento o interés particular. Por eso, decimos que la Semana Santa es un “tiempo de gracia” para el encuentro con Dios, con nosotros mismos, y con los demás, con quienes descubro en esta aventura de la vida la importancia del otro y el valor de la fe.
Ante la sin razón humana, Dios responde siempre con amor y con entrañas de Padre: ”Tanto amó Dios al mundo que entregó a su propio Hijo, para que todo el que crea en Él tenga vida eterna”. Nadie tiene amor más grande que el que da la vida por aquellos a los que ama”. La Iglesia, a través de la liturgia del Triduo Pascual se llama a sí misma a la conversión, y lo hace invitando a cada cristiano, a cada grupo y movimiento, a cada cofradía y a cada comunidad parroquial, a dejarse iluminar y ayudar por la Palabra de Dios, porque hoy urge revisar con serenidad y seriedad nuestra vida de creyentes y ver qué es lo que nos ata, lo que nos impide o nos distrae o nos enfría en el seguimiento del Señor.
El próximo sábado, Sábado Santo, celebraremos, a las 11 de la noche, la Vigilia Pascual, la celebración cristiana por excelencia, la madre de todas las celebraciones litúrgicas de la Iglesia a lo largo del año. Comenzaremos en torno al fuego purificador de la vida, la luz que rompe toda oscuridad, y el agua que hace nuevas todas las cosas, signos de Cristo resucitado que rompiendo las cadenas de la muerte asciende victorioso del sepulcro, abriendo a todos las puertas de la Vida. El fuego, la luz y el agua de esta Noche Santa, nos recuerdan que estamos llamados a hacer las cosas “en espíritu y verdad”, en coherencia, no por cumplir o vanidad: ni siquiera por ganar méritos, sino porque nos sale del alma, porque queremos ser fieles a nosotros mismo y a nuestra fe. Con esta sencilla reflexión os deseo ¡Feliz Pascua de Resurrección a todas y a todos!

 

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