Paco Soler
 

Transformación

 
Viernes 12 de marzo de 2010 0 comentarios
 

En ocasiones me gusta dinamizar mis artículos con toques de filosófica sobriedad, aunque muchos contenidos se asemejen a utópicos pronósticos de futuro y éstos sean entendidos por algunos como banales profecías. Los que me conocen saben de mis numerosos escarceos con la muerte, con la que, de momento, mantengo un impersonal romance condimentado de respeto y sutil enfrentamiento. Sé que está ahí y acepto el desenlace final, pero también sé que mi destino es un trazo temporal de paradojas que conducen a puntos concretos. Digo esto por que si las personas asumimos esta circunstancia cuanto antes, también antes entenderemos la grandeza de vivir, la odisea de ver un nuevo amanecer.
En pocos meses, la crisis por la que atravesamos cumplirá dos años, todo un record de supervivencia para algunos, de continuidad para otros y catastrófico para muchos. Sin embargo, la fortaleza humana se reescribe continuamente. Con estos argumentos pretendo infringir deseos de superación a aquellos que pugnan por superar las cotidianas contrariedades que producen las situaciones extremas. Nadie duda de lo difícil y complicado que resulta luchar contra una crisis tan virulenta como la que estamos sufriendo, pero las personas somos creadoras, inventivas, imaginativas y, lo mejor de todo, nunca perdemos la esperanza. No quiero decir con esto que va a llover alimento, o que nuestras penas se acabarán pronto, lo que quiero decir es que hay que levantarse las mangas y reinventarse, evolucionar y revolucionar nuestras vidas. La crisis causa dolor, pero el dolor es un detonante de la superación. Debemos iniciar una transformación de nuestro entorno, pero antes debemos iniciar una transformación de nosotros mismos. Dejar de compadecernos y esperar que las cosas cambien. Porque las cosas sólo cambian cuando nosotros las cambiamos. Las luchas no se ganan esperando desde la fragilidad, sino buscando la transformación, desde la base de la humildad, el respeto y la honradez. Haciendo despertar la conciencia de la positividad personal e inculcándonos valores que, obviamente, deben reforzarse de esperanza, pero también de tesón.

Paco Soler

 

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