Últimamente se vienen desarrollando en Cataluña uno de los debates que crea en su entorno mayor número de partidarios y detractores. Lo que muchos denominan la “Fiesta” y que para otros es un negocio que conduce a la exaltación popular, aunque ello conlleve el sufrimiento, tortura y muerte de un animal tan digno como es el toro. El debate en sí existe desde hace años, sin embargo, es ahora cuando adquiere un formato institucional que puede prolongarse a otras comunidades. Los antitaurinos no renuncian a su postura y se dejan ver asiduamente en aquellos lugares donde se celebran corridas de toros. Muchos defienden “La Fiesta”, incluso el rey la defiende aduciendo que es un complemento precursor de la cultura. Majestad, con todos mis respetos, pero no sé que tiene que ver el entorno cultural con el sometimiento por la fuerza a un animal, aplicándole un tremendo castigo que culmina con la muerte. El hecho de que a las corridas hayan asistido y asistan personajes ilustres del mundo del cine, las letras o la pintura, sólo demuestra que esos personajes gozaban con el sufrimiento y la tortura. Son una minoría que no representa para nada los principios éticos y morales del ámbito cultural. No es buena directriz asociar la tortura al arte o la cultura. Estoy seguro de que hay un gran número de actores, escritores o pintores, que están en contra de esta vergonzosa actitud que no representa, en absoluto, el sentir de media España. No sé si es que soy de otro planeta, o es que los sentimientos se pierden en el corto recorrido por la vida, o es que se nace sin ellos. Causar dolor y sentirse satisfecho de verlo, es indigno e inhumano. La evolución moral no va por ahí.







