Internet ha abierto un gran número de opciones. Entre ellas, una de las que más destacan son las redes sociales, un mundo abierto y hermético a la vez. Tú decides quién entra en él o no pero, ¿es así en realidad? Pues siento decirles que no. El creador de Facebook vendió los derechos a una compañía de tratamiento de datos que, a su vez, guarda estrechas relaciones con la poderosa CIA. Sí, parece de película, pero toda la información que, inocentemente, creemos tener segura en la red, es totalmente accesible a otra red que especula y hace un uso indeterminado de ella, aunque pueden hacer lo que quieran. Nuestros hijos se han encerrado en ese mundo que les parece seguro, cada vez más se apartan de las relaciones sociales directas, incluso entre hermanos. Se plantea de esta manera un problema que subyace entre nuestras despreocupadas vidas. Es cierto que unos tenemos más habilidad que otros para el manejo informático, pero resulta obvio que hay que ponerse las pilas y reciclarnos si queremos dar a nuestros hijos una educación mejor, adecuada a los nuevos tiempos, ya que su inocencia al proporcionar información, puede dar lugar a despreciables intenciones. No creo que sea buena idea declinar nuestras responsabilidades y sólo quejarnos. Es necesario participar en todo el proceso educativo de nuestros hijos y, ahora, el reto que se nos presenta requiere un esfuerzo determinante. No caigamos en la ridiculez de culpabilizar a las administraciones de permisividad eludiendo de esta forma nuestra responsabilidad. Como todo es esta vida, tiene su lado positivo y su lado negativo y la información es, hoy en día, un arma letal muy deseada.
Paco Soler







