La planificación estratégica es un sistema de gestión que en los últimos años se ha ido incorporando en la administración pública y en algunas medianas y pequeñas empresas, mientras en otras de mayor tamaño o mas innovadoras se lleva aplicando hace décadas de años, pero en ambos casos este sistema de gestión proviene del ejército (estrategia militar) y de la forma de plantear las batallas a efectos de ganarlas, claro está. Al igual que en el ejército, en la administración pública y en las empresas, para utilizar esta herramienta de gestión es necesario que existan gobernantes, dirigentes y peones, siendo todos ellos igual de importantes y fundamentales en sus respectivos puestos, funciones o tareas.
El gobernante sabe lo que quiere, lo indica a sus dirigentes, quienes basándose en la jerarquía, la delegación de competencias y sus conocimientos, recogen información, la estudian y diseñan las estrategias oportunas y las acciones o tareas a realizar para conseguir los objetivos, y asumen la organización, coordinación y supervisión de los recursos: los económicos, los técnicos y los humanos. El objetivo es ganar, ganar una batalla o guerra, ganar mayores beneficios, o ganar en eficiencia de los recursos públicos, para poder atender mayores niveles de prestaciones.
En el caso de la Administración Pública Local, el Gobernante tiene una misión, es decir, un plan, una propuesta de futuro, un proyecto de ciudad a conseguir y debe rodearse de buenos dirigentes para que pongan en marcha las acciones necesarias para conseguir los objetivos marcados, y estos (Directivos Públicos Profesionales) deberán ejercer como Directivos responsables de cada área para optimizar los recursos y llegar a los objetivos de la forma mas eficaz y sobre todo eficiente.
Esta forma de entender la gestión pública es novedosa, aunque ya existen muy buenas experiencias en el territorio español, y pretende dar respuesta a los nuevos retos que tiene la administración pública en democracia, tanto por sus nuevas competencias y las necesidades y demandas de los ciudadanos, como por la necesidad de mayor transparencia y participación de los mismos, lo que se llama una Buena Gobernanza.
Para poner en marcha este nuevo estilo y forma de gestión es necesario aplicar nuevas herramientas y sistemas, y sobre todo una nueva forma de liderar las organizaciones y sobre todo de gestionar los recursos humanos, sus valores y talentos. De esta necesidad, nació el EBEP (Estatuto básico de los Empleados Públicos) que si bien daba respuesta global y general a la problemática como norma genérica y básica, no ha sido desarrollado suficientemente (por no decir casi nada) por las Administraciones Autonómicas con competencias en sus Estatutos de Autonomía.
Cierto que necesitamos una administración pública mas eficiente, pero para ello es necesario tener los medios, los mecanismos y sobre todo la voluntad de aplicar nuevas formas de gestionar, no siendo la solución las amenazas, las rebajas salariales y sociales generalizadas y la no valoración de los buenos profesionales públicos, que los hay y muchos.
José F. Mazón
Gestor Europeo de Calidad por EOQ y postgrado en Gestión
de Calidad por
la U. C. de Ávila







