Cada año, la celebración de la Semana Santa se nos presenta como una ocasión extraordinaria para profundizar en el sentido y el valor de ser cristiano. Es una llamada a recuperar la memoria histórica de nuestra salvación. Se nos invita a descubrir de nuevo el amor y la misericordia de Dios para que también nosotros seamos cada vez más humanos y misericordiosos con los demás. De una manera intensa, festiva y comunitaria, celebramos que el camino de la vida nos conduce en definitiva a la Pascua, al triunfo de la justicia y del amor sobre la opresión y la muerte; y que en el misterio de la vida la última palabra la tiene siempre el Amor.
El mensaje es grande. Nos recuerda que nada hay que pueda compararse con la experiencia gozosa de sentirnos amados por Dios y necesitados de amar, al estilo de como somos amados por Él. Y esto, aunque está al alcance de todos, realmente no es fácil. Por eso, conviene tener en cuenta que en una sociedad que favorece y alimenta la ambición y el afán de tener, el poder y el dominio sobre el otro, en Jesús de Nazaret encontramos que la vida, lo que da perspectiva y profundidad a lo que somos, tiene sus raíces en el reconocimiento de Dios y en la cercanía y servicio a los hermanos. A la luz de este mensaje, memoria histórica de la identidad cristiana, la humanidad entera está llamada a encontrar las claves para entender y disfrutar la propia existencia; contando, además, con la experiencia de que la injusticia y el mal, que tanto sufrimiento provoca, no viene solamente de fuera, sino de dentro del corazón humano, donde conviven el trigo y la cizaña.
Después de más de dos mil años, al celebrar la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesucristo, a través de la liturgia de la Iglesia, no podemos dejar de contemplar, al mismo tiempo, la pasión y el sufrimiento de tantas y tantos hermanos nuestros que hoy viven bajo el peso de la cruz de la enfermedad, del paro, de la soledad o la marginación. Pasión en la que por fidelidad hemos de vernos implicados y comprometidos, con sentido fraterno de solidaridad y esperanza en un futuro mejor para todos. Como nos dice el poeta:
“Es hora de ponerse a cultivar el viejo huerto que tienes dentro mismo de tu casa, y deja que el nardo florezca y dé perfume en los días que pasan camino hacia la Pascua”.
Desde este espacio que se me ofrece, saludo a todas y a todos los vecinos de Santa Pola, y a quienes nos visitan en estos días de fiesta y descanso. A todos os deseo lo mejor.







