Es muy curioso, porque quienes critican el escaso furor reivindicativo de los sindicatos son los mismos que han tomado medidas contra las que esos mismos sindicatos pelearon durante las últimas décadas. Medidas de corte liberal similares a las propuestas por la CEOE.
Que estamos inmersos en una grave crisis de carácter económico y financiero (nacional e internacional) lo sabe perfectamente el sindicato UGT, casi todos los meses vemos como miles de trabajadores engrosan las filas del paro como consecuencia de ella.
Y nos esforzamos todos los días para intentar paliar sus consecuencias, negociamos convenios colectivos teniendo en cuenta las condiciones existentes en cada sector o empresa, negociamos expedientes de regulación o de extinción intentando que las personas afectadas sean las mínimas y sus condiciones laborales las mejores posibles, todo ello bajo el principio de la buena fe que debe presidir cualquier negociación, principio que ha hecho posible que la convivencia pacífica y democrática, hasta ahora, persista.
Últimamente, a estos ataques de tono más clásico, se ha venido añadiendo otro soniquete más novedoso, que no es otro que la pretendida subvención de los sindicatos por parte del gobierno lo que, en parte, justificaría el hecho de que en toda la crisis los sindicatos han hecho gala de una pasividad sin parangón.
Sobre este asunto vale la pena algunas puntualizaciones, en primer lugar debemos recordarles a estos “librepensadores” que los sindicatos nos financiamos exclusivamente con las cuotas de nuestros afiliad@s y estamos reconocidos en la Constitución española (artículo séptimo), como entidades de interés general, que negociamos miles de convenios y acuerdos de todo tipo que son de utilidad a todos los trabajadores, estén afiliados o no, y que los sindicatos no les cobramos ningún canon por beneficiarse de nuestra actividad, por eso, al igual que los partidos políticos y la patronal, recibimos una subvención por realizar esa actividad. En el caso de la UGT es de 50 euros por delegado elegido en las elecciones sindicales, que vienen a intentar cubrir parte de nuestra infraestructura de la que se benefician todos los trabajadores y trabajadoras españoles.
Por otro lado, también recibimos algunas cantidades para realizar programas determinados como atención de inmigrantes, prevención de riesgos laborales y un largo etc., que al ser fondos de carácter finalista no pueden ser gastados al margen de los programas suscritos y como es lógico sufren una dura justificación por las auditorías estatales.
Y por último también recibimos una importante cantidad de dinero, en el caso de UGT, que salen de las aportaciones que trabajadores y patronal hacemos desde nuestras nóminas directamente para realizar las tareas de formación continua de los trabajadores y trabajadoras; formación que es muy útil para elevar la productividad, con el constante aprendizaje de las últimas tecnologías y conocimientos acerca del puesto de trabajo que desempeñamos. También en este caso la auditoría es permanente, no centrándose exclusivamente en el control del gasto, que también, sino en el número de cursos realizados, alumnos asistentes, calidad de los materiales utilizados y de las instalaciones utilizadas para impartir la formación y un largo etc. que hace imposible que se desvíe ni un solo céntimo de la finalidad con que fue entregado. Si toda esta labor en el País Valenciano y en el caso de FSP-UGT que supone formar y reciclar a más de 15.000 emplead@s públicos cada año, si ésta tuviera que ser realizada por el estado, la nómina de profesores, materiales y locales supondría sin lugar a dudas multiplicar por varios dígitos la cifra recibida.
No critican otras subvenciones como las que se otorgan a la iglesia y a otras instituciones. Curiosamente aquellos que nos atacan por las subvenciones, que como se ve están absolutamente controladas y justificadas, no dudan en exigir a los gobiernos que intervengan con cantidades multimillonarias en ayudas de los mercados financieros que ahora nos estrangulan y tampoco cuestionan las ayudas también millonarias que de un modo injustificado recibe la iglesia católica en España que como todos sabemos se declara un Estado aconfesional en nuestra Constitución. Tampoco les resulta criticable que fundaciones como la FAES, laboratorio de ideas del PP, también figure como entidad subvencionada por los impuestos de todos. Y que la CEOE también reciba subvenciones por la participación en órganos consultivos del Ministerio y en organismos autónomos y entidades gestoras de la Seguridad Social. Además, se trata de dinero que se reparte entre las diferentes organizaciones de la patronal que solo sirve para llevar a cabo la representación institucional.
Y ya para ir finalizando, otra línea de ataque supone el presentarnos como anticuados, y que utilizamos medidas de presión ancladas en el pasado como son las huelgas., ésta es el arma más importante con la que cuenta un trabajador/a, porque ataca al corazón mismo del capital, a la producción y a las ganancias de la patronal, y es ahí donde más duele, por eso los ataques a las huelgas y las guerras de cifras que se plantean ante cada convocatoria, son con la única finalidad de desanimar a los trabajadores y minar su capacidad de defensa, y de paso deslegitimar a los sindicatos convocantes.
Pero todo esto no es nuevo, para la derecha y para la patronal desde el primer momento hemos sido un objetivo a batir, porque ellos sí que son conscientes de nuestra capacidad de respuesta y de la fidelidad de los trabajadores y trabajadoras hacia su sindicato.
No olvidemos que ell@s intentan ignorar olímpicamente a los sindicatos. Para el PP somos elementos a despreciar. Pero ignorar y despreciar a los sindicatos supone a su vez ignorar y despreciar a las trabajadoras y trabajadores, porque somos sus legítimos representantes, elegidos en unas elecciones tan democráticas como las que han servido para que los miembros del PP nos gobiernen.
José M. Sempere Clement,
Secretario General de la Sección Sindical de UGT en el Ayuntamiento de Santa Pola







