La libertad de expresión es una definición difícil de rasurar sin producir cortes. Es, sin lugar a dudas, un concepto restringido por los límites del respeto y jamás debería ser un arma de burla hacia los demás. Digo esto por la carta al director que ha escrito un tal Vicente Luna, que dice ser originario de Santa Pola, aunque, sin duda, muy poco original. Creo que debo salir en defensa, no solo de la actual Concejal de Cultura, sino de todos los concejales de cultura que ha tenido Santa Pola. Unos lo habrán hecho mejor, otros peor, pero todos, óigame bien señor Luna, todos, han hecho todo lo que ha estado en sus manos por enriquecer nuestra ciudad culturalmente. Y se lo dice una persona que ha estado muy cerca de todos ellos en sus correspondientes legislaturas. Flaco favor está haciendo a su pueblo y a usted mismo escribiendo cartas como esta que, en mi opinión, no debería haberse publicado. Pero este medio intenta difundir la libertad de expresión de forma ecuánime. Lo cual, personas como usted, utilizan para fines muy peculiares.
La cultura señor Luna no es solamente tocar el clarinete. Está en su derecho de reivindicar determinadas carencias que, sin lugar a dudas, las hay. Pero no confunda a las personas menospreciando una labor que se traduce en estructuras culturales que usted parece ser ignora. Pocos pueblos tienen un Castillo como el nuestro, con museos y salas de exposiciones como la nuestra, un acuario como el nuestro, aunque los peces no sepan tocar el clarinete. Las limitaciones presupuestarias en cultura existen, todo por la jerarquía de prioridades. Claro que faltan muchas cosas, pero también hay muchas y muy singulares. No creo que la mejor fórmula sea ridiculizar a unas personas que han trabajado duro por la cultura en nuestra ciudad.







