Mucho se ha hablado de las excelencias organizativas del Mundial de windsurf. Ha sido sin duda tal y como me lo esperaba. No podía ser de otra forma. Máxime conociendo de cerca a las personas que han organizado este evento y muchas de las estrofas que componían esta sinfonía sin precedentes en España. Más y mejor de lo que se ha escrito es imposible. Pero, entre bastidores, en los momentos de reflexión, en los de preocupación, en la ultimación de detalles, en las miradas que se posaban en el cielo intentando adivinar los coqueteos climatológicos o la fiereza de un viento inesperado, los regatistas nos han mostrado su cara más íntima. Los contratiempos que sufrían en el mar, se desbrozaban entre risas saturadas de optimismo, pero también se adivinaba el afán de superación en unos ojos donde la duda dejaba paso a la esperanza. Como digo, para regatistas, organización y personal voluntario, han sido unos días de infarto, por ello, la clausura fue el detonante que prendió la llama de la satisfacción y el reconocimiento de un trabajo bien hecho. La noche del sábado pasará a la historia de Santa Pola. El multielitismo se condimentó con grandes dosis de racionalidad, sin restringir la anhelada diversión, merecida y ganada a pulso. Los acordes de Black Night envolvieron de magia una noche de desinhibiciones, de espuma y de mojito. La música de siempre, la que nunca caerá en el olvido, aquella que marcó la genialidad lisérgica, se adueñó de desatadas emociones que convirtieron Gran Playa en la noche de los tiempos. Todos merecían esa noche, se la ganaron a pulso. Felicidades.







