En la romería del Rosario, patrocinada por el Ayuntamiento y la Concejalía de Fiestas, que tuvo lugar el domingo pasado y que recorre el frente litoral desde el pueblo hasta la ermita que señala el límite del término municipal de Santa Pola hacia Arenales, participaron muchos santapoleros y santapoleras. Los devotos, así como otros ciudadanos y ciudadanas del pueblo que por las razones que sean acuden a la romería, se concentraron de madrugada cerca de la parroquia de la Asunción. Según los organizadores, la participación fue mayor que la del año pasado, como también la presencia de caballos con sus jinetes, que suponemos que, a imagen de la histórica romería del Rocío en Huelva, se va implantando en Santa Pola.
El numeroso grupo de caminantes, acompañado por las dolçaines y tabalets de la Colla El Freu, que atendían al contrato firmado con el Ayuntamiento para su intervención y asistencia en actos festivos de todo tipo, hizo el recorrido desde el centro de la localidad y por toda la línea del litoral, realizando varias paradas para entonar cánticos religiosos ante las hornacinas, instaladas durante la pasada legislatura por el Ayuntamiento con el dinero de todos los contribuyentes, y no por la iglesia, en lugares determinados de la costa (al final de Santa Pola del Este, a la altura del CIMAR y en el camino de debajo del Faro).
La comitiva llegó a la ermita a las 9:30 horas, y media hora más tarde se celebró una ceremonia religiosa católica cantada. La introducción de la Virgen bajo la gran carpa se llevó a cabo mientras sonaban los acordes del himno nacional… En las cercanías de la ermita, restaurada y acondicionada por el Ayuntamiento, se veían ondear diversas banderas con el águila, el yugo y las flechas, correspondientes al período político anterior a la Constitución de 1978.
En general, el ambiente resultaba desconcertante. En primer lugar, por la aparente confusión de la simbología propia de una confesión religiosa concreta con símbolos cívicos como pueden ser la bandera constitucional que representa el Estado allá donde éste esté presente, o el himno nacional (que debe ser interpretado: en los actos de homenaje a la Bandera de España; los actos oficiales a los que asistan al Rey o la Reina, el Príncipe o la Princesa de Asturias o los Infantes de España o el Presidente del Gobierno; los actos deportivos o de cualquier otra naturaleza en los que haya una representación oficial de España; o los actos previstos en el Reglamento de Honores Militares, según prevé el Real Decreto 1560/1997, de 10 de octubre, por el que se regula el Himno Nacional).
En segundo lugar, confusión de época, por la aparición del águila que impera en la bandera utilizada por el régimen de Franco durante los años en los que se mantuvo en el poder, y por la mezcla de la liturgia católica romana con símbolos fascistas, más propia de los años del nacionalcatolicismo, afortunadamente derrotados por la lucha del pueblo español, que de los de la democracia constitucional instaurada en 1978 y vigente actualmente.
No sabemos si los regidores del PP asistentes hicieron algo para desenmarañar esta madeja simbólica e ideológica y contribuir a aclarar tanta confusión. Esperamos que sí. Y no nos duele nada decir que nos parece muy peligrosa esa mezcla. A las personas que hemos luchado por que en el Estado Español las distintas confesiones religiosas se circunscriban al lugar que les corresponde, y no interfieran en el normal desarrollo de lo cívico, nos parece que la vigilancia para que este tipo de interferencias no ocurra es un deber cívico, especialmente para los representantes del pueblo elegidos por éste en las urnas.
Federico Zaragoza Portavoz de Compromís y Concejal de Iniciativa de Santa Pola







