No siendo mi intención entrar en polémicas, y menos aún con los docentes, colectivo que merece todo mi respeto y reconocimiento. Pero ante las críticas que he recibido por mis manifestaciones acerca de la enseñanza pública, sí debo reafirmarme en los argumentos que en su día planteé.
Es necesario reiterar que el momento económico que vivimos en España es extremadamente complicado y para llegar a su solución es necesario que todos hagamos el máximo esfuerzo. Ello no debe restar mérito a las grandes inversiones que, en materia de educación, desde la Generalitat Valenciana y el Ayuntamiento de Santa Pola se han llevado a cabo en los últimos años, así como a las que están pendientes y que finalmente se culminarán.
Vaya por delante mi respeto a quienes libremente optan por manifestarse y reivindicar sus derechos, porque yo soy el primero en luchar por ello, aunque opte por vías diferentes. La mayor parte de los docentes y de los alumnos están siendo un ejemplo de civismo y serenidad, haciendo uso de sus derechos constitucionales.
Sin embargo, debemos ser conscientes de que algunas personas están intentando utilizar a los alumnos como arma arrojadiza o escudo humano, queriendo aparecer ahora en las calles como colegas libertadores, cuando ellos han tenido la responsabilidad de gobierno o la connivencia en los últimos casi ocho años y han dejado la calidad de la educación en nuestro país en los más bajos niveles. Es curioso que, después de soportar las erráticas políticas del gobierno socialista sin apenas dar señales de vida, los sindicatos vuelven a la primera línea de pancarta en el momento en que se les toca el bolsillo.
Ahora nuestra mayor preocupación debe ser que nuestros hijos puedan recibir una educación pública de calidad, en la que se fomenten valores como el respeto, la colaboración, el trabajo en equipo o el esfuerzo personal y colectivo, ése será el mejor legado que podamos dejarles y que combatirá el fracaso escolar que tanto afecta a nuestros jóvenes.
Y ese es un trabajo en el que todos tenemos responsabilidad: empezando por los políticos como legisladores, siguiendo por los docentes a quienes compete su formación, por la familia que recoge el testigo de la educación cuando acaba la jornada lectiva, y acabando por los mismos alumnos, que deben ser conscientes de la necesidad de esforzarse al máximo y no abandonar en el intento, en pro de un futuro que puede ser muy esperanzador, a poco que todos rememos en la misma dirección.
Siendo importante la retribución salarial de cualquier trabajador, y en este caso en concreto de los docentes, lo es también en igual medida aplicar y, por lo tanto, centrarse en las medidas que mejoren la calidad de la enseñanza.
Por tanto, deberíamos minimizar en la medida de lo posible la pérdida de jornadas de trabajo prestando la atención que necesitan nuestros alumnos, es el momento de que todos los colectivos afectados seamos capaces de sentarnos y consensuar el futuro de la educación pública en nuestro país.
Quiero volver a reiterar mi agradecimiento por la gran labor que realizan todos los docentes en nuestro municipio con su trabajo diario y su implicación personal, y decirles que estamos en el mismo barco y con el mismo puerto de destino.







