Así te llamaba yo en estos últimos años, con mucho cariño……. Aunque siempre para mí fuiste MANOLO
Mi amigo Manolo, al que conocí el 1 de diciembre de 1968, celebrando mi oposición aprobada para tomar posesión de mi puesto de funcionaria que hasta el día de hoy ocupo.
Sí ese día nos examinamos Camelia, María Antonia y yo para ser funcionarias municipales, y con nuestra alegría junto con Pepe Garnero, que nos preparó, y un grupo de maestras, entre las que se encontraba María de la Vega, celebramos nuestro aprobado.
Desde ese día fue un peregrinar de buenos momentos después de nuestras obligaciones profesionales.
Nos unimos un grupo de “personas atrevidas” en aquella época bajo la batuta de Pascual Antonio: Maruja “la Bosca”, Manolo “el Maestro”, Paco Hernández, María Amparo Baile, Mari Glice, Jesús “Alexis”, Vicente Escolano, Luis Jover, Asun Aldeguer, Juan Bautista “El Chacho”, Andrés “El Monsa”, Martín Martínez, Chon Pérez, Mari Luz Bernal, Maite Lloret, Paqui González, Paco Antón, Tere Cobos, Maruja Bernal, Rafa Bonmatí y, por supuesto, otros muchos y yo, que mi memoria ya no alcanza. Mis disculpas para quien no cito.
Cuántas cosas hicimos… obras de teatro, recitales de poesía, ensayos de valses, y cuanto se le ocurría al “gran pensante”. Los ensayos en la casa semi en ruinas de Don Antonio Bonmatí, en la calle Elche (hoy Banesto), y los generales y puesta en escena a “estrenar” en el cine Monumental, más conocido con el Cine del Nano, sin olvidar los festivales de Navidad para recaudar fondos para los más necesitados.
…Y cómo no, nuestros chateos por los bares de moda de la época: “A ca el Fideu”, en la calle Elche; el bar del Platero; las Tres Carabelas; Laico, etc. etc.
Pasados los años, de vez en cuando nos saludábamos recordando la frase célebre empezada por Pepe el Platero y terminada por tí. ¿Te acuerdas?: “Buenas” (dijo Pepe el Platero) en señal de bienvenida, y tú contestaste: “Buenas las dos”, refiriéndote a Camelia y a mí. Esa frase ha perdurado en mi recuerdo hasta el momento que hoy te he dicho adiós, mejor dicho, hasta siempre, pues amigos como tú pocos se encuentran.
Siempre has estado ahí, pendiente de todos, de alumnos, de padres, de tíos y de abuelos. ¡Con qué paciencia has atendido nuestras charlas sobre nuestros hijos!, y cuántos buenos consejos hemos recibido de ti, sin olvidar tus clases en la Academia Virgen del Mar donde terminé mis estudios de Bachiller.
Y nuestra amistad fue siguiendo y creciendo, formamos nuestras familias, nacieron nuestros hijos, nietos… Con los años nuestra vida ha discurrido por carriles distintos, pero siempre nos hemos apeado en casi las mismas estaciones: Semana Santa, Moros y Cristianos, Fiestas Patronales, bautizos, bodas, comuniones…, y, ¡como no!, fui testigo de tus dos tomas de posesión como Concejal de Santa Pola, dándome la oportunidad de conocer también tu faceta política.
He disfrutado de tus pregones de Semana Santa y de las Fiestas Patronales, y tú de los míos, los vivimos con ilusión, nos sentimos orgullosos: Yo de tí y tu de mí, y así han ido transcurrido nuestras vidas, casi en paralelo, sin olvidar que cada vez que nos hemos visto, haya pasado poco o mucho tiempo, siempre nos hemos dado un abrazo de cariño, y yo con mi “Don Manué” previo.
Siempre nos hemos tenido un cariño y un respeto especial, siempre hemos sabido estar en nuestro lugar, y siempre hemos sido de los que cuando nos han buscado nos han encontrado, siempre colaborando y dándonos aliento para continuar siendo como somos. ¡Que alguna vez habremos discutido!, seguro, como seres humanos que somos, pero nunca ha quedado rencor en nuestro corazón.
En tu última despedida, Don José dijo que habías dejado huella por donde has pasado, y yo añado: No solo has dejado huella por donde has pasado, también lo has dejado en los corazones de cuantos te hemos conocido.
Hasta siempre, tu amiga: Maru







