Apoco más de un año para las elecciones municipales, los partidos políticos empiezan a tomar posiciones en la línea de salida. Los que gobiernan, mostrarán los logros conseguidos, los proyectos en ejecución y los que están en el horno. Los que están en la oposición, intentarán hacernos creer que la mayoría de esos proyectos estaban planificados por ellos y que las circunstancias les han relegado a un plano de contemplación. Volveremos a oír lo de siempre. Que si la derecha por aquí o que si la izquierda por allá. Unos seguirán demostrando su buen hacer y otros saldrán de su prepotente coraza para mezclarse con un pueblo que, gracias a Dios, no necesita presentaciones de última hora. Veremos a esos personajes que hasta no hace mucho se creían por encima de tí y hoy, presas de una encantadora actitud, hasta te saludan con cordialidad. En fin, lo que siempre ocurre en elecciones.
Desde hace tiempo vengo diciendo que lo de la derecha y la izquierda es parte de un bochornoso pasado. En los pueblos se vota a las personas y no necesitaríamos ni siquiera campañas electorales para tomar decisiones coherentes. El poder no es un colorante culinario que tiñe de rojo o azul, es algo arrollador que quiebra los cimientos de la honradez si no se tiene un mínimo de integridad. A estas alturas todos sabemos quien cojea de una u otra pierna. Nadie tiene que venir a decirnos quién es por que lo sabemos. Pensar lo contrario es un insulto a nuestra inteligencia. Bajar del pedestal para hacernos creer que de repente alguien se convierte en nuestro amigo, es una deprimente actitud que convierte al protagonista en payaso de turno. Así que les diría a los políticos que, en tiempos de crisis como el que vivimos, podrían ahorrarse el dinero de las campañas. Ni somos ciegos, ni sordos, ni tampoco estamos tontos. Qué no nos cieguen con promesas especulativas. Todos sabemos quienes son todos.
Paco Soler







