El Mirador
 

El Templo del siglo

 
Viernes 12 de noviembre de 2010 0 comentarios
 

Nuestro país, una vez más, es visitado por el Papa Benedicto XVI. Como es habitual, su visita genera opiniones encontradas vertidas por partidarios y detractores. Unos lo esperaban y otros no. Pero, a mi juicio, los que no lo esperaban, que tienen todo el derecho del mundo, como ocurre con las tendencias radicales, intentan imponer sus criterios con medios poco justificables. La cosa es simple. Si no lo esperas, sigue con tu vida, pero no hay que provocar para salir en la foto. Personalmente, me defino como agnóstico contradictorio, pues no encajo en ninguno de los perfiles que definen el agnosticismo, pero sí considero que cualquier confesión debe ser reconocida. La fe no es incompatible con el respeto. Cuando veo la liturgia ofrecida por el Papa, con su espectacularidad coreográfica, cuando difunden el coste de lo que supone esta visita y, cómo no, de los beneficios que genera, mi asombro no tiene límites. En esta ocasión, su visita pondrá nombre, ojos y voz, a lo que, en mi opinión es una de las joyas de la Humanidad. Para mi, la Sagrada Familia, supera con creces la belleza de otros templos dispersos por el mundo y considerados únicos. Los que la hemos visto desde la perplejidad, nos hemos sentido insignificantes ante esta genialidad arquitectónica que ha desafiado todas la fuerzas establecidas para aliarse con la simpleza de la naturaleza. Sí, Gaudí era un genio, pero no lo considero un santo, cuya finalidad se persigue. Creo que hubiera sido deseable una mención por parte del Papa con respecto a los cruentos casos abiertos de pederastia y pedofilia. Es más, sería un buen escenario para dar un paso más y formar parte activa en desvelar este enjambre de opacidad.
Paco Soler

 

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