Al poco tiempo de comenzar la legislatura 2007-2011, el equipo de gobierno solicitó a los propietarios de un terreno provisto de caseta de labranza situado cerca de la depuradora poder depositar, provisionalmente, las algas que se iban retirando de las playas en ese terreno para procesarlas –separar el alga de la arena- y posteriormente llevarse la arena a las playas y las algas a sus posibles usuarios (lechos de ganado, productores de biodiesel o quien las pudiera utilizar y así reciclarlas.)
Han pasado cinco años. Poco a poco se ha ido formando, camión a camión, una gran montaña de algas y arena. Lo denunciamos ante el ayuntamiento en múltiples ocasiones, y detuvimos nuestras denuncias porque a principios de la presente legislatura –junio de 2011- pareció que se iniciaba el proceso de cribado y se podía ver junto a la montaña máquinas trabajando y camiones que retiraban los productos ya separados.
Recientemente podemos comprobar que ese trabajo fue una ilusión. Se ha detenido, no sabemos cuánto tiempo hace, porque para verlo hay que ir al lugar expresamente. No hay máquina, no hay camiones, y sí una enorme montaña de algas, unos trozos de una gran tubería rota que antes pasaba por allí llevando agua depurada a terrenos agrícolas cercanos para su riego, y el terreno ha sido vallado y encadenado para que nadie pueda acceder a él, no sabemos si con permiso de todos sus propietarios o sin él.
No sabemos ahora si debemos reiniciar nuestras denuncias, porque esa montaña no es parte natural de la sierra de Santa Pola, y está compuesta por productos marinos o procedentes de nuestras playas. Sin duda habrá instancias superiores a las que acudir que las concejalías de medio ambiente, playas, limpieza u otras posiblemente implicadas, pero en caso de que alguien nos diera la razón y se multara al Ayuntamiento, éste podría acusarnos de buscar la ruina de la hacienda municipal, ya bastante tocada por la crisis económica, por la probable multa por este delito que tendría que asumir el ayuntamiento, y por tanto todo el pueblo, porque hacienda, sea local o estatal, somos todos y todas.
También acudimos a la Diputación para intentar resolver el problema, y en concreto a su responsable de residuos, medio ambiente y energía, el cual nos remitió para su solución al ayuntamiento. Trabajo perdido: quien nos remitía al Ayuntamiento era el citado responsable de residuos, Miguel Zaragoza Fernández, y el receptor de nuestra queja en el Ayuntamiento era su alcalde, Miguel Zaragoza Fernández, que resultaba ser la misma persona. Cinismo político, llamaríamos a esta actitud de sacudirse el muerto, no de uno a otro, sino de uno mismo a uno mismo.
No llegamos a entender cómo nadie ha acudido nunca al servicio de protección de la naturaleza de la Guardia Civil –SEPRONA- a denunciar los hechos, cuando pueden constituir un delito medioambiental. Las paciencias tienen unos límites, y nosotros una tarea de oposición que hacer, que nos da derecho y razón, además del deber de hacerlo, porque para ello hemos sido elegidos.
¿Y ahora qué? ¿Un terreno particular vallado con una gran montaña de algas abandonada y nadie hace nada? ¿Se va a quedar ahí para siempre? ¿Es que tener mayoría absoluta da patente de corso a los alcaldes y equipos de gobierno, y en esa situación tienen permiso para torear al pueblo? Pues qué bien.







