Esta frase, que parece una obviedad, muestra una simpleza aplastante siendo una realidad como la copa de un pino. La vida tal cual la conocemos sería imposible sin el agua. El ser humano está compuesto en casi un 80% por el líquido elemento que permite que funcionen todos nuestros órganos (cerebro, corazón, pulmón, hígado, riñón...). Éstos, a su vez, nos permiten todo lo que hace grande al ser humano: pensar, sentir, reír, llorar, amar, caminar... Este rico elemento fluye a través de nuestras venas, arterias, arteriolas y capilares, llevando el oxígeno y los nutrientes que precisan todas y cada una de las partes de nuestro cuerpo para hacerlo funcionar como la maravilla de la creación. De la misma forma, el 71% de la superficie de nuestro planeta está compuesta por agua. Tal como lo hace con el cuerpo humano, el agua alimenta nuestras tierras a través de sus propias venas y arterias, que son los ríos, lagos, arroyos, corrientes subterráneas... Es esta agua la que permite que nuestras tierras den su fruto, que la industria progrese, que los humanos la podamos consumir, y su ciclo genera riqueza y trabajo para las personas de nuestra Comunidad Valenciana. En consecuencia, permite que estos trabajadores y trabajadoras, padres y madres de familia, puedan llevar el alimento a sus hogares, esos nutrientes imprescindibles para dar vida. Vida para los que más queremos, para nuestra gente, nuestros santapoleros, nuestros hijos, que podrán tener un proyecto de futuro prometedor si cada uno de nosotros hacemos lo que debemos hacer. En primer lugar, debemos pensar en el interés general, el de todos y cada uno de los ciudadanos con los que nos hemos comprometido y que están esperando nuestras respuestas. Respuestas precisas, concisas, realistas y prácticas. Por encima de siglas políticas y/o ideologías, porque los proyectos son para ejecutarlos, extraer su fruto, convertirlos en realidad y ponerlos a disposición del interés social. Y hoy por hoy no hay nada más social -o a lo mejor sí, pero no tan importante- como generar trabajo para los parados. Y una forma de que esta sangría del paro descienda es que los políticos y el resto de agentes sociales sean generosos. Y sean generosos con la distribución del agua, esa agua que, si somos capaces de canalizar adecuadamente, olvidándonos de reinos de taifas en comunidades e intereses mal entendidos, podría discurrir por todos y cada uno de los pueblos de España, por pequeños que fueran. Porque no olvidemos que el agua es vida. ¿Acaso alguno de nosotros prescindiría de beber agua? ¿Podríamos sobrevivir? No, no podríamos. Todos nuestros órganos vitales se colapsarían, entrarían en un fallo multiorgánico y dejaríamos de existir. Hemos dicho que el cuerpo humano tiene un cerebro, un corazón, unos pulmones, un hígado, unos riñones, un estómago, etc. De la misma forma, España tiene un cerebro, o debería tenerlo, que es el gobierno central. Y tiene unos órganos que son vitales para su supervivencia, llamémosles comunidades autónomas. Al igual que los órganos están conectados entre sí por arterias y venas, las comunidades están conectadas entre sí por ríos, afluentes, riachuelos, lagos, ríos subterráneos, y si pudiéramos navegar a través de ellos como lo hacen los hematíes que llevan el oxígeno a nuestras células, no existiría ningún tipo de frontera, podríamos ver a ambas riberas tierras fértiles y hombres trabajadores. Pues de la misma forma que el cerebro del cuerpo humano jamás negaría la sangre a alguna parte del cuerpo, el cerebro de este país no debería permitir que algunas tierras no puedan beber este rico elemento que es vital para su supervivencia. El agua, incolora, inodora e insípida. Un bien natural y que de forma natural debería ser también distribuida. La Comunidad Valenciana necesita de esa agua por encima de la distinción entre regiones. Las personas deberíamos emular a la naturaleza y ser tan generosos como ella, compartiendo lo que tenemos y distribuyéndolo de forma equitativa, como lo hace nuestro cuerpo de forma natural. Precisamos de un gran pacto. Ya lo teníamos, estábamos todos de acuerdo. Pero en esta ocasión nuestro cerebro se volvió en contra de su propio cuerpo e hizo que los órganos (las comunidades) se opusieran a su normal funcionamiento. Y un cuerpo, señor Zapatero, es un todo, no son partes separadas, es imposible que el cerebro funcione sin el corazón, al igual que el corazón sin el cerebro. Por eso nuestro país no puede funcionar bien hasta que todas las comunidades autónomas alcancen un acuerdo sobre el agua.
Y la única forma de hacerlo es poderse sentar, proponer y consensuar una ley que sirva de paraguas a todo el territorio nacional y que nos permita a todos los españoles, pensemos lo que pensemos y seamos como seamos, disfrutar del derecho a ese bien común que sin duda aliviará también en gran parte la sangría del paro. Las administraciones debemos propiciar un paraguas en el que se puedan cobijar todos y cada uno de nuestros ciudadanos para que ninguno de ellos se moje. Porque ya sabe usted que, cuando llueve, siempre se mojan los mismos, los que menos tienen, los que más necesitan. Por lo tanto, cumplamos todos con nuestra obligación y a todos nos irá mejor.
Miguel Zaragoza - Alcalde de Santa Pola







