Miguel Zaragoza Alcalde de Santa Pola
 

Don Emilio

 
Jueves 7 de mayo de 2009 0 comentarios
 

La medicina es la ciencia a través de la cual logramos la curación, la sanación de cualquier persona que padezca una enfermedad o dolencia. Y el médico es la persona que convierte en arte la ciencia médica. Don Emilio Olmedo Sánchez, granadino de nacimiento y santapolero de adopción desde muy joven, casi desde que acabó su carrera de Medicina, era un médico de la época y de la quinta de D. Eliseo Lozano, de D. Jesús Rodríguez y de D. Antonio Muñoz.
Don Emilio se curtió en la medicina en nuestro pueblo. Parece que lo esté viendo: su maletín, montado en su Sanglas 400, con la camisa abierta, de complexión atlética, de buenos modales, cercano a las gentes de Santa Pola y abierto a cualquier necesidad que tuvieran.
La medicina ha cambiado bastante desde los años setenta hasta ahora. En aquellos tiempos ser médico era una verdadera vocación de entrega constante, no debemos olvidar que entonces no existía centro de salud ni puerta de urgencias. Existían las consultas en los domicilios de los médicos. En el caso de Don Emilio estaba en la Glorieta, arriba de la cafetería la Glorieta.
Don Emilio estaba de guardia permanente durante 24 horas los 365 días del año, no habiendo ningún santapolero que haya pulsado su timbre y no haya sido correspondido con una visita inmediata y un tratamiento a su enfermedad.
Además de médico, por su proximidad era también una persona que sabía, además de oír, escuchar de forma atenta. Porque en ocasiones las dolencias físicas tenían un componente o un desencadenante psíquico, emocional o anímico. Y también, aunque no era su especialidad, él siempre tenía una palabra adecuada de aliento o simplemente de consejo para ese vecino.
Yo tuve la suerte de poder compartir con él muchísimos momentos profesionales -algunos de ellos rutinarios, otros muy intensos por la complejidad de la patología- en la clínica del Castillo, en la consulta de Playa Lisa junto a la farmacia o en los domicilios de los pacientes. Y eso me permitió conocerlo algo más. Y de ahí que me atreva a escribir estas líneas, que no son otra cosa que producto del cariño y el afecto que como amigos durante todos estos años nos hemos profesado.
Don Emilio se ha marchado, despidiéndose a su manera, tal cual vivió. De forma silenciosa y discreta, sin llamar la atención, rodeado de su familia y de algunos amigos. Sin pestañear.
Estoy seguro que estas mismas palabras las habrían pronunciado o escrito muchísimas personas en Santa Pola, pero quería ser yo, un amigo más de los que tenía Emilio, el que lo hiciera. Porque se lo debía. Por mi agradecimiento personal y por la amistad que nos unía.

Miguel Zaragoza
Alcalde de Santa Pola

 

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