Últimamente nos llegan noticias a través de distintos canales, en especial desde You Tube y redes sociales, que parecen sacados del increíble submundo de la ficción. Internet proporciona a ciertas personas las armas necesarias para proyectar su letal complejidad por la red. Nuestros ojos han visto con perplejidad imágenes de psicópatas que castigan, torturan y matan a los animales domésticos como perros y gatos. Mentes fragmentadas por la irracionalidad que cuelgan sus trofeos en la red regocijándose de su proeza, sin sentir el menor atisbo de compasión y nutriéndose del mal en su estado más puro. Por mucho que lo intento no me lo explico. ¿En qué momento de sus vidas quedaron despojados de su humanidad? Lo que me preocupa es que cada vez son más jóvenes. No sé qué estaremos haciendo mal pero a mí esto no me cuadra. Si desechamos una teoría gestada en el Averno, sólo podemos aplicar hipótesis científicas y, éstas, nos canalizan entre la absorción o ingesta de algún contaminante. Puede que sea algún producto químico fabricado para la manipulación de alimentos. Los transgénicos aparecieron en nuestras vidas hace veinte años y ni siquiera sabemos cuál ha sido su incidencia, a pesar de que los principales destinatarios de los productos manipulados fueron los niños. No olvidemos que son los potitos y alimentos de continuación los que más contienen materias primas y derivados como los cereales y la leche. Será una casualidad, pero coincide en el tiempo la posibilidad de que el organismo de esos jóvenes ande un poco liado con la identificación genética de algunos invasores agresivos. Es sólo una teoría, sí, pero, ¿quién podrá demostrar lo contrario?
Paco Soler







