El Gobierno ha suprimido 32 altos cargos, que incluyen 8 directores generales, una secretaría general y 14 organismos autónomos. Dice que ahorrará con esta medida 16 millones de euros. Me parece bien que se reestructure la administración, hay demasiados duplicados que apenas producen y a cambio generan gastos importantes. Todo eso está muy bien, pero la pregunta del millón es ¿qué va a ocurrir con esos señores? ¿Engordarán las listas del paro? No, claro que no. Lo que es seguro es que no serán abandonados a su suerte y, lo que también es seguro, que seguirán llevando a sus casas “el jornalito”. ¿De dónde saldrá la pasta? Ancha es Castilla y la imaginación también. En mi opinión, un complemento eficaz a esta iniciativa sería una bajada de sueldos y la supresión de dietas por asistencias a plenos y comisiones. Debe haber, a mi juicio, una equiparación salarial equitativa entre los cargos públicos. Los que ganen bestialidades que bajen a la altura de los mortales y los que ganan poco para lo que hacen, que ganen más, pero todo dentro de una lógica sensata. En España siempre ha pasado lo mismo: uno trabaja y diez miran. Si trabajaran sólo cinco, sobrarían cinco más. Los planes de estímulos que ha puesto en marcha el Gobierno son muy apropiados para generar empleo temporal, pero es sólo eso, empleo temporal. Hay que tomar decisiones valientes si se quiere atajar este goteo incesante de desempleados. Porque, lo importante, lo realmente importante, es impulsar medidas que permitan a las pymes y autónomos volver a crear empleo. Y los bancos, a los que hemos ayudado con nuestros impuestos, dejen de ganar tanto, mientras nosotros seguimos perdiendo.
Paco Soler







