Cada vez estoy más convencido de que en España la política se mueve a golpe de talonario aderezado con todo tipo de chantajes. ¡Qué triste! La incongruencia ocurrida en Cataluña viene a demostrar que tanto el Gobierno como el poder judicial se bajan los pantalones con una facilidad pasmosa. Aún recuerdo el revuelo que se armó cuando Ibarretxe, cedió en sus pretensiones de consultar al pueblo vasco sobre la independencia y mostró su sensatez, su pragmatismo y su lealtad al no realizar aquella consulta. Sin embargo, ahora, Montilla desafía a todos y se sale con la suya. Me parece bochornoso. Lo que no entiendo es que los inmigrantes se movilicen y secunden la opción de votar sí al independentismo catalán. Qué comida de bola. Como digo, para nada es justa esta actitud permisiva con los catalanes y discriminatoria para con el pueblo vasco.
En mi opinión, el Gobierno debería dar un toque de autoridad y no permitir que los nacionalistas catalanes impongan su voluntad. Todo se reduce a la pasta. Lo catalanes se creen el motor de España y no dudo que lo sean, pero también están a la cabeza en insolidaridad. Siempre he dicho que cada cual se retrotrae en el tiempo en función de su conveniencia y, de esta manera, aporta su particular versión de la Historia. Pero algunos pensamos que es mejor unir que quebrar. Mi concepción de la universalidad de los seres humanos, reivindica conceptos en los que cabe la solidaridad, el entendimiento de lenguas y la libertad en su mayor expresión. Sé que eso, actualmente, es una utopía, pero también debería de ser una finalidad. Caminar juntos a un mundo unido y en paz, con una sola lengua y un mismo destino. El problema es que unos pocos se consideran los dueños de lo que pisan, olvidando que son inquilinos prestados en el corto pestañeo del tiempo. Soy español y universal, y me siento orgulloso de serlo.
Paco Soler







