Estoy seguro de que muchos conocerán el significado de esta palabra, para los que no lo sepan, un arquetipo es un modelo o ejemplo de ideas o conocimiento del cual se derivan otros tantos para modelar los pensamientos y actitudes propias de cada individuo, de cada conjunto, de cada sociedad, incluso de cada sistema. Suelen abrirse camino en un medio de ideas abstractas y sin sentido, guiados por sus propios pensamientos y creencias. ¿A qué me suenan estas palabras? Probablemente es un eco que resuena en mis oídos, mezclado entre jugos gástricos de oscilante agudeza, proporcional a la sin razón de las noticias del medio día. Es deprimente observar como los políticos se convierten en máquinas de chantaje para conseguir propósitos nacionalistas, o una simple transferencia. Dame tu voto y te doy esto, dirían algunos, en pugna por sacar adelante medidas que, aunque su finalidad se precipite en un estruendoso fracaso, no es justificación poderosa como para imponer criterios éticos. Los políticos son rancios brotes de especulación que confunden, o creen que lo consiguen, los pilares fundamentales de la moralidad, con un juego de rol incapaz de retener en la memoria el concepto de la extorsión. Las personas no somos moneda de cambio en transacciones políticas destructivas y que sólo benefician a unos pocos. Los vascos y los canarios han ayudado al Gobierno a sacar adelante la subida del IVA y han conseguido contraprestaciones a cambio, lo cual no me parece demasiado solidario, teniendo en cuenta que otros grupos no han apoyado la medida, aplicando criterios lógicos a la regresiva medida impuesta por el Gobierno.
Paco Soler







