Llega el año 2014, una nueva oportunidad para borrar a la humanidad del planeta. Lamentablemente, creo que no se dará el caso y la plaga continuará un año más. Llevamos resistiendo como gérmenes inmortales sobre la superficie del mundo, haciendo más mal que bien y devorando los recursos naturales hasta su total expoliación.
Visto que también me incluyo en el grupo, espero tener un fin apoteósico, tipo mutación de gripe aviar o española (que se llevó a más por delante). Pero temo mucho que será de inanición de lo que fenezca pues, a día de hoy, ya son tres los años consecutivos de paro.
Pues haz algo, me dicen. Y lo he hecho. He hecho todos los cursos del Servef a mi alcance. Resultado, nada. Me he puesto a recuperar el inglés en la Escuela de Idiomas. Resultado, nada, ahora me piden Alemán, Chino, Ruso... ¡y yo vengo de un sistema educativo donde, si hablabas castellano, gracias! He entrado en la universidad con objeto de replantearme a mi mismo, aprovechar ahorros y paro. Resultado, nada. Encima, con Bolonia, esto parece más un instituto que una universidad. Que si controles de asistencia, que si prácticas guiadas, que si trabajito, que si tontería de simposio... y aún me quedan dos años por delante de sufrimiento para terminar, seguramente, en el mismo resultado: nada.
Finalmente, este 2014, espero, vendrá cargado de esperanza e ilusión. Sobre todo en las elecciones europeas, donde todos se empeñarán en pedirnos nuestro voto para que la ilusión de democracia siga funcionando. El resultado será, el mismo, una nada inmensa de vacío comunitario, puesto que cada Estado trabaja sólo y para sí mismo en este imperio romano 2.0 que nos hemos inventado.
Puede que, si tengo la oportunidad, termine emigrando a algún país emergente, donde acabaré cogiendo otro número más para que me atraquen en un cajero, me maten por unas zapatillas o me secuestren para pedir a mi familia sus exíguos ahorros.
Por todos estos motivos me deseo un 2014 lleno de alegría e ilusión. Que falta me hace.









