Lo que veo y escucho es lo que hablo en este papel, pues yo no soy perfecto, tengo valores y defectos, pero nunca se me ocurrirá juzgar a otro, sea político, sea un simple ciudadano. Cada uno tiene una madre, una forma de pensar y, lo peor que puede tener el ser humano es creerse que está en la verdad absoluta. Esto es fruto de la soberbia, de ganas de poder. Hoy sólo se habla de corrupción, de cambio, de progreso. Qué bueno es ocupar un “sillón”.
Es natural, pues nunca llueve a gusto de todos, entonces, ¿qué debemos hacer? Empiezo por la corrupción, algo tan antiguo como el hombre. No es algo del siglo XXI y yo me pregunto: ¿sólo los políticos son corruptos? Sin ánimo de defender políticamente a unos, digo que la corrupción la llevamos en la sangre y yo, que me considero católico con muchos defectos, digo que si hay alguien que no tenga o crea no tener es porque no se conoce. El político, y no todos, ojo, es corrupto, pero no se da cuenta. Por ejemplo:
Vas a tomarte un refresco, un café y otra cosa que compres y, ¿te dan justificante? Algunos sí, pero otros no. Luego es muchas veces dinero… aunque no estemos de acuerdo con el impuesto que te pongan.
No tienes trabajo y, claro, te hace falta dinero para terminar el mes y aceptas lo que te dan. Como ese buen señor y amigo que, como está en el paro, le ofrecieron un trabajo: “cámbiame el piso y te doy 70 euros”. ¿Dónde está la corrupción? De los cinco millones de parados, sobre un 30% tiene trabajo en negro y, si a mí me sale trabajo y me falta el dinero, lo hago, aunque se que es corrupción. Ahora no, pues tengo 77 años.
Yo me preguntaría: ¿Quién tiene la culpa? No juzgo, pues, quién soy yo. Mientras exista el ser humano, la corrupción, por desgracia, existirá, hasta en la Iglesia, con sus sobres y eso que Cristo lo dijo bien claro: “gratis lo recibís, gratis dando”.









