Leo en repetidas ocasiones cartas del señor Ramón Pomares Piñol muy críticas con la Iglesia Católica. La califica de anticuada, de celebradora de fiestas y causante de todos los males actuales como hambre, hipotecas, paro, etc. Usted dice que ha sido sacerdote durante 20 años, que se ha casado y no puede ejercer su vocación por una ley eclesiástica. Señor Pomares: cuando usted se ordenó sacerdote hizo los votos correspondientes y aceptó la imposibilidad de contraer matrimonio. Usted tomó un camino y debe ser consecuente con su decisión. Cuando yo voy a la Iglesia comprendo la magnitud de la misma, lo bien que se ha hecho todo a lo largo de los siglos y acepto que los curas no se casen.
Si el Señor dio la vida por nosotros, merece que otros den la vida por Él (los sacerdotes). La oración es un gran camino para mejorar y diariamente pido por las vocaciones sacerdotales, por los jóvenes que inician el camino de servir a Dios. Como dice nuestra Madre de los Desamparados “los cristianos sentimos la necesidad de orar por nuestros sacerdotes. Que no se sientan solos, que sepan que el pueblo cristiano está con ellos, que superen la tentación de abandonar o de acomodarse a la vida fácil, a la resignación impotente ante el pecado y la triste situación del mundo actual”. Señor Pomares, así como yo acepto su decisión de haberse casado, acepte usted las normas de la Iglesia, las que un día dejó de lado en su beneficio personal.
María Teresa Rabasco









