En una reunión de amigos, comentábamos sobre una Sra. de Nicaragua. Se trataba sobre la admiración que despertaba en nosotros la proeza que había realizado. La Sra. en cuestión atravesó medio mundo buscando trabajo. Llegó a España dispuesta a trabajar, y a ahorrar, con la esperanza de traerse su famlia con ella. Cuida ancianos y no rechaza ningún trabajo por duro que sea. Sólo tiene en el pensamiento traerse a su querido esposo y sus hijos. Ni qué decir tiene que Luisa (así se llama) causa respeto, admiración y sobre todo agradecimiento a su gente. Una gran mujer no cabe duda. A solas y pensando en esta extraordinaria mujer de Nicaragua, me voy quedando dormido... De pronto me espabilo y exclamo: ¡Pero ostras!, si es lo que hemos hecho los hombres durante miles de años...Nosotros, ¿Hemos causado la misma admiración, respeto, y por supuesto agradecimiento que la Sra. de Nicaragua?. Con esta duda al final me quedo dormido.
Antonio Ortega Madroñal









