Víctor Córdoba Herrero
 

UN NUEVO REY CONSTITUCIONAL PARA OTRA ESPAÑA

 
Viernes 25 de julio de 2014 0 comentarios
 

Todo ha sido impecable. Tal y como estaba previsto en la Constitución de 1978, ha sido proclamado Rey de España, Felipe VI, un rey constitucional altamente formado para su cometido; que, como su padre, también aspira a serlo de todos los españoles. Cumplido este deber constitucional pronunció su primer discurso, verdaderamente esperanzador, en el Congreso de los Diputados, ante ambas Cámaras depositarias de la soberanía nacional, consciente de la responsabilidad que ello supone, pero asimismo con la mayor ilusión. Se ha dado, pues, una lección de democracia y el pueblo, aglutinado en la diversidad, ha tomado las calles de Madrid para celebrar este tiempo nuevo con la esperanza de una renovada época.
Sin obviar a sus antecesores, el nuevo Rey de España subrayó de manera especial que en esta España diversa cabemos todos, y que cada cual tiene su formas de sentirse español. En su nueva apuesta, hizo especial hincapié en que la Corona debe velar por la dignidad de la institución y observar una conducta honesta. Nadie niega que el caso Nóos ha hecho un tremendo daño a la Corona.
El nuevo Rey constitucional de España tiene claro su objetivo, el avivar proyectos integradores que miren al futuro y que todos podamos compartirlos. Apunta a un profundo cambio de mentalidades y de actitudes más aglutinadoras, porque los sentimientos, no deben jamás enfrentarnos, dividir o excluir, sino comprender y respetar, convivir y compartir. No se puede decir más claro, Felipe VI, no sólo quiere apostar por el conocimiento, la cultura y la educación, tiene la convicción personal de que la monarquía parlamentaria puede y debe seguir prestando un gran servicio como moderador y símbolo de la unidad y permanencia del Estado. La independencia de la Corona, su neutralidad política y su vocación integradora, indudablemente contribuye a la estabilidad del Estado.
A mi juicio, lo más relevante es su postura contundente por la autoridad moral, que emana de un comportamiento ejemplar, consciente del deterioro de las instituciones, incluida la misma Corona. En este sentido, quiere ser ejemplo e inspiración. Ahí queda el primer gesto. Lo ha hecho ante Artur Mas o Iñigo Urkullu, que apenas han aplaudido su proclamación. El nuevo Rey está dispuesto a atender sus deseos, ahora bien se ceñirá, como se desprende de su discurso, a una Constitución únicamente reformable desde el espíritu del consenso. El comienzo, pues, de este nuevo reinado para una España distinta a la que se encontró su padre, no ha podido ser más alentador.

 

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