Llevo un tiempo sin participar en este periódico, pero, querido periódico de Santa Pola, lo hago con toda mi ilusión.
Ahora el motivo ha sido distinto: llevo tres operaciones en lo que va de año, sobre todo la última: rotura de cadera, como el rey. ¿Cómo? Un perro libre de toda cadena y bozal me atacó y me tiró al suelo, además de otras heridas. Pregunto, ¿cuándo cumpliremos todos lo mandado? Tengo para meses.
Tengo tiempo y he meditado tres frases de Cristo:
1º Cuando estaba en la cruz, sus últimas palabras fueron: “Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen”. Esto ocurre hoy tanto en lo civil como en lo religioso.
a) En lo religioso: Dios ha puesto un Papa que cada día habla más claro a esta Iglesia, que se duerme en los laureles del pasado. Esto le ocurre al obispo, al cura, al cristiano que cree que con ir a misa, si va, ya es suficiente. Invito a que se lea la Historia del pasado, del presente y que nos lleva al futuro. Tengo una segunda experiencia. Le conté mi situación a un sacerdote y, en vez de abrir la libreta de ahorro, que la tiene, me dijo “ve a Cáritas”.
b) En lo civil: También hace falta renovación, pues te vas al Parlamento, al Ayuntamiento y muchas veces no se ve el bien del pueblo, sino el bien del partido.
Mucha gente acude al Ayuntamiento, pues necesita ayuda, pero otros muchos son vividores que con mis impuestos sacan vales, comida, etcétera.
Por eso hace falta la frase de Cristo: “Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen”. Pero he hablado de tres frases de Cristo muy acertadas, para mí y para todo ser viviente:
“Dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios”. Habría que meditarlo muchos, porque la parte del César va a los bolsillos de… ¡Cuánto dinero negro se mueve!
La tercera frase que Cristo dijo es: “mi casa es casa de oración y vosotros la habéis hecho cueva de ladrones”. Pregunto: ¿Hay algo de esto hoy?
Hablo claro. No ataco ni ofendo, pero cada día estoy más convencido de que la Biblia es el libro por antonomasia y que es de autor conocido, no como ocurre con el Lazarillo de Tormes.









