Se habla mucho de tradición y cultura respecto a nuestras aficiones taurinas. Hay otras también relacionadas con el toro que no se las nombra, quizás, porque en el fondo nos avergonzamos de ellas. Llamamos tradición de una forma ambigüa a las que no derrochan arte. Los encierros empiezan como tradición y terminan como cultura.
Encierro: El ganado corre aterrorizado y apaleado, respondiendo con cornadas y pataleos. Una vez en la plaza la vejación continúa. Es tradición.
Corrida: Salen cuadrillas, toreros ricos y famosos, picadores, banderilleros. Se le da al toro igual o mayor martirio. La fiesta es mucho más elegante sobre todo con mucha “pasta” en juego. Los aficionados llenan la plaza. Se le pica, banderillea, sangra a borbotones. A esto se le llama cultura. En esta “opción” están de acuerdo toda la clase política, hasta los que defienden a ultranza la vida.
Tenemos otras tradiciones: En unas se suelta al toro en el campo, se le persigue, se le va lanceando y alargando la muerte para mayor disfrute de la fiesta. Al final se le clava la lanza donde se puede se le da muerte entre aplausos y premios. Sabemos que es tradición.
Tenemos quizás la más popular: Se monta una plaza portátil en un pueblo en fiestas. Se imita el encierro hasta la plaza. Allí la vaquilla, el novillo ó lo que sea, se le apalea, se le estira del rabo, se le lanzan botes, etc, etc. El animal indefenso tiene que soportar horas de infierno hasta que acaban las fiestas y le trasladan a otro pueblo. Es tradición.
Para finalizar: Creo que si hay que sacrificar unos seres para alimentar a otros se debe hacer sin sufrimientos. Por otro lado hemos perdido otras tradiciones como la fabricación y nadie se rasga la vestiduras por ello.
Antonio Ortega Madroñal









