No puedo más que contemplar con terror los sucesos que han ocurrido esta semana en Alemania, donde los vecinos de un pueblo celebraban la quema de un albergue para refugiados. Veo el ascenso de posiciones populistas anti-emigrantes y cómo los jóvenes de la vieja Europa se conducen irremediablemente a la repetición de los mismos errores. Veo cómo están ganando aquellos que no quieren unos valores que nos definen como continente. Veo que el excepticismo nos condenará, nos conducirá de nuevo a la muerte. En la anterior ocasión, con medios muchos menos modernos, exterminamos a 40 millones de personas. En ésta, veo pocos que sean 4.000.









