Ya no vuela el halcón,
ni cae nieve en la sierra,
ni canta el gorrión,
ni hay verde en la selva.
Ya no ruge el león,
se le fue toda su fuerza,
al ver ausente el amor,
y sin flor la naturaleza.
La tierra está caliente,
la luna se quedó opaca,
al ver que fue impaciente
el sol que la alumbraba.
La estrella ya no brilla,
ni hay nubes en el cielo,
ni el fuego ya ilumina
la gran luz del candelero.
El viento ya no silva,
callado está su velo,
tiene seca la saliva,
y pena el ángel negro.
Silencio, la tierra llora,
al ver los angelitos bellos,
que al hombre le imploran
que no destruyan su vuelo.
Están llorando las madres
por culpa de los incendios,
¿quién será el responsable
de que pierdan sus anhelos?









