Referente a mi escrito de hace unas fechas, en el que hacía mención al socavón de la calle Soria, lo primero, decir que sepan los ciudadanos que el mismo día que salió publicado, a las once de la mañana estaba arreglado. La pena es la de siempre, lo arreglaron muy bien unos señores encantadores y dejaron un pivote tapándolo. Éste no fue respetado por algunos conductores, agujereándolo un poco. Aún así, ya no hay peligro.
Yo sé que fui muy dura con usted, incluso mi esposo me riñó y me dijo: “te has pasado”. Pero había pasado mucho tiempo con quejas, y nada.
No sabe, señor Zaragoza, cuando el pasado lunes me llamó Ana María, su secretaria, para darme las gracias y decir que contaba con usted para lo que necesite. En vez de riña, me dieron ánimos en estos momentos difíciles, a nivel personal y de salud, que estamos pasando. Me sentí muy arropada y querida. Yo transmito en este periódico lo que me dijeron: “que todos los ciudadanos tendríamos que actuar así”.
Y yo les digo a ustedes: “No tarden tanto, por favor”. Nuevamente, gracias, de verdad. Y ahora, una estrofa para los jardines.
Quiero aprovechar este escrito para decirle al señor Javier Baile que es una sensación tan bonita, tan bonita ver los jardines junto al ambulatorio que dan ganas de ir y volver varias veces para recrearte. Parece un pequeño museo, fino, bonito, algo distinto. Se ve su mano. Aprovecho estas líneas para felicitar a todo el mundo estas navidades.









