Si de algo pueden presumir determinadas personas son de CHAQUETEROS. Y los chaqueteros, además de asco, dan pena. Un chaquetero es aquel que cambia de opinión o de partido por conveniencia personal - lo que quiere decir que ni tienen personalidad, ni principios, ni mucho menos, convencimiento de nada-, y todo lo que hace lo centra en ser un adulador al poder, o por ser una persona servil o rastrera ante aquel del que puede sacar algo. En resumidas cuentas, un chaquetero es un desagradable ser humano, carente de escrúpulos y de credibilidad. Todo ello, así de claro lo define el Diccionario de la Lengua Española.
Por otro lado está el EGOÍSTA, la persona egoísta, de las que aunque no hay muchas, las que lo son, se les nota a legua. Son esas personas con un inmoderado y exagerado amor a sí mismo, que hace atender desmedídamente a su propio interés, sin cuidarse del de los demás. Son esa clase de personas de las que hay que alejarse cuanto más mejor. No interesan en la sociedad actual.
También aparecen por ahí el EGOCÉNTRICO. Es esa clase de ser que lucha con exagerada exaltación de su propia personalidad, hasta considerarla como control de la atención y actividad generales. “ Soy el más listo, el más guapo, el que se merece las mejores cosas, el único que cuenta las verdades, el que lo sabe todo... Por cierto, la definición de egoísta y egocéntrico también están sacadas del Diccionario Español de la Lengua.
Imaginemos, ahora que en verano se lleva mucho, que pudiéramos hacer un cóctel con estos tres ingredientes: Chaqueteros, egoístas y egocéntricos. ¿Qué resultado obtendríamos? Cuidado con ese cóctel, servido en red de malla ancha, que llamamos xarxa, para camelar a los envidioso -ateos o agnósticos en su mayoría-, y para alimentar a los consumidores de odio y envidia. Esos personajes heterogéneos en apariencia, pero homogéneos en la maldad y en la mentira, en la inquina y en el rencor. Señor, ten piedad de él, ten piedad de ellos.
Por cierto, VIVA LA COFRADÍA DE LA DOLOROSA









