Hoy presumimos de libertad, democracia, pero yo preguntaría: ¿Qué es libertad, qué es democracia?. Filosóficamente está claro, en la práctica cambia la cosa: brilla por su ausencia. ¿Sí o no? Se presume también de la no existencia de Dios, ateísmo, se habla de la Iglesia como de algo pasado, los ricos y de los ricos.
Sin embargo, podemos decir que del dicho al hecho hay una diferencia. ¿Es libre el hombre, el ser humano? ¿Hay democracia? Yo, con el respeto que debo tener a todo ser humano, diría que lo dudo. Te dicen cómo tienes que vestir, cómo tienes que divertirte, cómo tienes que andar tanto a pie como en coche. Al que le gusta fumar, ojo, te puede caer un regalo económico.
Hemos conseguido que matrimonio es igual a pareja, que se puede abortar, pues quién me lo puede impedir, ni los padres, ojo, no toques a tu hijo, porque te puede salir caro. En cuanto al trabajo, tengo que ser vago por necesidad y por tanto tengo que robar para vivir y los que más trabajo tienen son los que colocan alarmas.
No hablemos de drogas o de otras cosas semejantes. En resumen: negamos a Dios y resulta que el que manda o yo mismo soy Dios y puedo hacer bueno lo que yo creo que para eso soy libre y hay democracia: yo soy Dios y nadie me manda.
Lo único que estamos sacando es: cada día hay más personas con ansiedad, depresión, matrimonios rotos, jóvenes que lo están pasando mal por un rato de diversión, que confunden con felicidad. La felicidad te lleva a la diversión, a la paz, a la alegría. Sin embargo, no toda diversión te lleva a la felicidad.
Ese es el papel que en el siglo XXI tiene la Iglesia. A la Iglesia le falta que pise el suelo muchas veces, pues tiene un mensaje que puede resolver todos los problemas, pero la Iglesia no lo que a veces, por desconocimiento o porque me lo han dicho, creemos digno de lo contrario que predica. El día que me digan que la Iglesia es perfecta, no tiene defectos, yo me voy de ella. La misión de la Iglesia es precisamente saber lo perdido, dar ejemplo. Lo que no se puede decir; “total para ser como ellos…” Eso es jugar y yo digo. “El que esté sin pecado que tire la primera piedra”.
En Semana Santa, empecemos por reconocer que no es una semana de vacaciones como el que dice: “se ha muerto mi padre, hoy no voy a trabajar”.
Si me lo permiten, podríamos hablar sobre la Biblia, que se dice cada barbaridad y a veces ocurre también que vas a la Iglesia y te sales diciendo: “¿Qué ha dicho este hombre en la homilía?”. Parece que con el papelito o apunte quedó bien tranquilo y tranquilizó mi alma aunque se marchen igual o peor que han entrado.
Ramón Pomares Piñol









