Cuando un posible cliente observa en cualquier establecimiento relojero un reloj generalmente de pulsera, con segundero incluido, se entiende que esta última pieza funciona. Pero hoy en día ya no es así; pues con cierta frecuencia el comprador detecta que se trata de un segundero dibujado; de simple fantasía; y que por consiguiente, no contiene su marcha. Habrá que desplazarse a las más afamadas relojerías de Ginebra, o de Londres; porque no solo los comerciantes de dichas ciudades son personal serio, sino que además, sus productos son también fiables.
Jacobo Vicente Aguilar Amat









