Me alegra comprobar que la carta al director que escribí haya abierto casi un debate sobre la oportunidad o no de que el Ayuntamiento de Santa Pola se adscriba a un determinado credo y acudan sus concejales a las procesiones. También en la versión de internet algunas personas han tenido a bien contestar a mi escrito disintiendo con claridad de mi opinión. No obstante, lamento que algunos tengan la desvergüenza, amparados en la impunidad de un falso nombre (y puede que por falta de argumentos), de tomar mi opinión como algo personal y tacharme de cobarde. Yo firmé mi escrito y no me oculto para expresar abiertamente lo que opino, que no deja de ser una opinión más, por lo que me gustaría muy brevemente hacer unas puntualizaciones:
Lo primero que quiero que quede claro es que si hice mención al PP de Santa Pola era en alusión a que el Sr. Soler lo había hecho en su escrito de columna, ya que no sólo son los miembros del PP los que acuden a las procesiones.
Se me recrimina que en la etapa en la que fui la jueza de Paz de Santa Pola no dijera nada de este asunto y por ello se me califica con duras palabras. Seguramente quien tan injustamente me ataca no sabe que cuando yo ejercía como jueza de Paz tenía absolutamente prohibido tanto por la Ley Orgánica del Poder Judicial como por el propio Estatuto que regula a los jueces de Paz manifestar cualquier tipo de opinión política, así como aplaudir o criticar actos realizados por cargos públicos. Como yo soy una persona extremadamente respetuosa con la Ley, y creo en la absoluta necesidad de imparcialidad ocupando ciertos cargos, durante los ocho años que permanecí al frente del Juzgado no hice en ningún momento declaración pública alguna.
María Montoro







