Como pocas veces, los remordimientos me han estado carcomiendo lo que en mí pueda quedar de humano. Como pensionista de bajo nivel, cincuenta euros no parece mucho para algunos –tampoco demasiados–, pero es lo que puedo para no situarme a la altura de esas criaturas que desde el llamado Cuerno de África nos miran… Creía yo que con dolor por su desgracia, y con envidia por nuestra suerte.
Pero ha ocurrido algo, yo diría que milagroso, hace apenas unas horas: me he dado cuenta de que su mirada es…¡de conmiseración!
Claro: ellos están en el afortunado grupo de los Bienaventurados; de los sufrientes, osea, de quienes serán recibidos en el Reino de los Cielos.
Nosotros, en cambio, a socarrarnos eternamente.
Menos mal, ahora ya solo sufriré por mí.
Filiberto Ramíerez Yáñez









