Basta abrir la tele, leer un periódico o encontrarte con alguien en la calle, en este hermoso pueblo, para que salga a la luz lo que vemos: crisis en todos los partidos. Hoy predomina el chorizo, es decir, la corrupción. Esto se dice para los otros, yo no sé la verdad.
¿Qué pasa? Estoy a la espera de encontrarme una persona que diga que tiene “algo” de culpa. Todos nos consideramos perfectos y lo que está pasando es culpa del otro. Yo dividiría esto en tres partes:
1º El Político, qué chorizo. Es verdad que los hay, pero también los hay que están por vocación y su principio es hacer bien al pueblo. Nunca llueve a gusto de todos y tendrá el que le juzgue, aunque no sepa que dos más dos son cuatro. Y, lo peor, es que no se conoce. Y me da lástima, a la larga, el chorizo.
2º El clérigo. España se considera aconfesional, pero sigue , la mayoría, viviendo una religión de costumbre. Reconoce la doctrina de Cristo y sus oídos son propensos a escuchar lo malo. Ahí está la historia.
Yo, como católico, jamás me consideraré perfecto, pues Cristo ya lo dijo: he venido a buscar lo perdido…”y no tienen necesidad de médico los sanos, sino los enfermos”. Lo que pasa es que no sabemos qué es pecado y que ser cristiano es ir al templo y ocupar un lugar en los 62 bancos que hay. Esto es necesario, pero más necesario es que el que habla, hable al pueblo y el pueblo salga dispuesto a vivir lo escuchado.
Ayer, por ejemplo, Cristo se quejaba de que “la mies es mucha y los obreros pocos”. Pregunto: ¿Hay algún joven que se esté preparando al sacerdocio en este bendito pueblo?.
Yo podría ejercer y, como yo, más de 100.000, pero nos hemos casado. Pregunto: ¿Cristo mandó no casarse? En la misma Iglesia hay sacerdotes, en el rito ortodoxo, que tienen opción. Por eso así como en lo político, vemos que la Constitución necesita alguna reforma, pues a la Iglesia le pasa lo mismo y no se dan cuenta. Escuchamos al Papa Francisco hace tres miércoles.
Dentro de la Iglesia hay santos, pero hay chorizos, hay peseteros, hay pederastas, los menos, pero basta que una monja haya vendido un niño para que generalicemos.
La Iglesia es como una orquesta que tiene desde el bautismo, cada miembro, una misión. Se tienen derechos y obligaciones. Hoy, por ejemplo, ha habido bodas. Pregunto: ¿Es lo mismo recibir un sacramento que un simple contrato? ¿Qué pasa con las palabras: “hasta que la muerte os separe o en lo bueno y en lo malo”? Y si no, las parejas. A la larga: ¿quién paga las consecuencias? Los interesados, pero, sobre todo, los hijos.
3º El Pueblo. Yo creo que he dicho algo, no quiero ser pesado. Si eres católico y escuchas las campanas, no dejes que se rían de ti. Levántate y encontrarás lo que el mundo necesita: justicia, amor, paz.









