Descansando sobre una tupida cama, escuchando el constante murmullo de las olas, del estruendo y profundo mar, te encuentras tú, arrastrero “Esteban González” envejeciendo por el sublime sol que sin miramientos despoja sus rayos sobre ti, pero tu acompañas a la brisa marinera muy orgulloso; aunque tu carcomida maciza madera, te recoma hasta las entrañas, y sobresaltando por tus bordes se disipan, algunos tornillos oxidados.
Enmudecido lloras en silencio por tu falta de mástil, y ves pasar el tiempo, triste porque te inundan los recuerdos de tus aventuras en el mar; faenando en aguas mediterráneas durante 20 años, que cerca tienes la orilla, y no tienes fuerza para volver a navegar.
Te recreas viendo por la orilla a la gente pasear, y el vaivén de las gaviotas que sobre ti, vuelan sin cesar. Para ti no pasa el tiempo viejo barco.
Cuando los niños suben sobre tus nuevas maderas, restauradas por jóvenes santapoleros, alumnos de la Escuela Taller y taller de empleo, gracias a la gestión del Excmo. Ayuntamiento, se imaginan ser piratas en busca de tesoros, y conquistas por realizar.
Por ti no pasa el tiempo, viejo barco; tu popa firme mira hacia el mar; aunque ya no puedas echar tus redes a la mar, tu dicha es infinita; porque tienes a la niebla que siempre te acompaña, con su suave brisa, te llena de rocío, acariciando tus endebles maderos.
El sol te ilumina cada amanecer, calentándote con sus brillantes rayos de luz, y despidiéndose de ti al atardecer; con su precioso contraste de colores.
Te saluda la luna que fecunda al sol, dando paso al infinito Cielo, iluminado de estrellas, por el cual tú navegas haciendo tus viajes astrales.
Por ti no pasa el tiempo, viejo barco. Y con cuanto orgullo formas parte del patrimonio marítimo de Santa Pola.









