Sr. Federico Zaragoza Alberich, en su escrito titulado “Vergonzosos vestigios”, comete usted el error de mencionar mis banderas expuestas para la venta. Tenga la seguridad que, de haber sido otro, no hubiera hecho caso de semejante bobada, además de falsedad, porque las banderas no están en la acera. Pero, en su caso, tengo que recordarle que lo que impide el paso de verdad y de manera “vergonzosa” es aparcar el coche delante de una rampa de acceso para minusválidos y en medio de un paso de peatones (no sé si esto le suena de algo). En cuanto al resto de la carta, aprovecho para comentar algunas cosas:
Lo “vergonzoso” es haber jurado esa bandera “franquista” como hicieron casi todos los españoles hasta 1976 (no sé si será su caso) y ahora denostarla tan vilmente. Y no me diga que fueron obligados, porque la persona con verdaderos ideales, políticos o religiosos, pese a sufrir pena de cárcel no lo hizo.
Lo “vergonzoso” es que un concejal pierda el tiempo dilucidando si quitamos una placa en el Calvario ¿y por qué la placa? Tire todo el barrio para borrar todo lo hecho por el franquismo. Por cierto, hay más barrios donde en cada casa hay un escudo franquista. ¿Qué hacemos?, ¿los tiramos también?
Lo “vergonzoso” es contar la historia de manera sectaria. Claro que hubo una guerra, que hubo crímenes y calamidades, pero en ambos bandos. Franco no se levantó una mañana y dijo: “voy a derrocar al Gobierno”. La guerra fue una consecuencia; la Segunda República se instauró de una manera tan irregular como fue que, perdiendo las elecciones municipales, el partido republicano a base de revueltas, proclamaciones en algunos ayuntamientos a favor de la República, y demás algaradas en lo que son expertos sindicatos, separatistas y parte de la izquierda. Llegando incluso a decirle al Rey por parte de políticos republicanos, que no podían garantizar su seguridad ni la de su familia. El Rey, por evitar un enfrentamiento, decidió irse de España. A eso se le llama un golpe incruento de las minorías perdedoras en las urnas. Pero, lo que mal empieza, mal acaba y en 1934 se produjo un golpe de Estado contra el gobierno de la República, por parte de las izquierdas y de los separatistas, sobre todo en Asturias y Cataluña, que pudo ser sofocado por el Gobierno.
La España de esos años era un polvorín camino de convertirse en una dictadura stalinista. Los saqueos, la quema de iglesias y conventos, los asesinatos y un gobierno incapaz de controlar a los anarquistas, comunistas, separatistas y demás partidos y sindicatos de izquierdas.
En el Congreso, la diputada Dolores Ibárruri, la “Pasionaria”, amenazó al diputado Calvo Sotelo, al día siguiente lo asesinaron. Ese fue el caldo de cultivo para que se produjese el llamado “Alzamiento Nacional”.
Así es la Historia, y usted no puede contar solo una parte, porque eso es confundir a la gente joven. Claro que hubo en la postguerra abusos y calamidades para algunos, para los mismos que en la guerra abusaron y asesinaron a los vecinos partidarios del bando Nacional. Pero eso son consecuencias de la condición humana. Las personas con malas entrañas sean de derechas o de izquierdas, aprovechan esas condiciones para sacar sus malos instintos.
Las personas que se les llena la boca con la palabra “democracia”, son en muchas ocasiones, las que llevan en su interior un pequeño dictador. La frase: “no es de recibo que se permitan banderas con el águila” le retrata. Pero, quién es usted para permitir o no permitir? Además, por mucho profesor que sea, por cierto, título que muchas personas como usted pudieron sacarse bajo esa “dictadura” tan infernal que usted pinta.
Yo, en cambio, tuve que ayudar a mi padre en la peluquería y a los catorce años de edad, tuve que dejar la escuela con los estudios primarios, pero que son suficientes para explicarle a usted que esa “águila” es el águila de San Juan, que ya utilizaban los Reyes Católicos, no es un invento de Franco, y la bandera no se llama franquista, sino bandera preconstitucional y, al igual que la de la Segunda República, no están prohibidas, que yo sepa.
Sr. Federico, ser demócrata es respetar las ideas y los símbolos de los demás y a usted se le ve el plumero.
Pero, bueno, a mí lo que me interesa es vender. Si quiere una bandera le haré un descuento por ser concejal, así tendrá una pequeña porción de la “tarta” que dice que no le dan.
Postdata: También tengo pegatinas de El Che Guevara.
José Manuel Diego Aldeguer









