Cuando un país se ha vuelto incapaz de gobernarse a sí mismo, quizás por no poner en valor la ética de las responsabilidades, sólo cabe la reflexión de todos para poder cambiar de actitudes. En su tiempo ya invitaba Confucio (551 AC-478 AC, Filósofo chino), a reconducir al Estado como se conduce a la familia, con autoridad, competencia y buen ejemplo. Lo que sucede es que para ello, hace falta pasar de las buenas intenciones, de la palabrería fácil a los hechos, para los que se necesita mucha capacidad de servicio, de entrega generosa y una fuerte ración de humildad. Subrayo, no obstante, lo de deplorable realidad política española, ya que mientras que la ciudadanía ha pedido con sus votos una forma nueva de gobierno, mediante diálogo y consenso, resulta que nuestros gobernantes no saben o no quieren dialogar para consensuar posturas.
A mi juicio, no sería recomendable, por tanto, devolver la pelota a los votantes y tener que convocar nuevas elecciones generales; con lo que esto supone de alargar la inestabilidad, en un momento crucial para la economía española. Hasta el momento presente, tenemos que decir que esta bochornosa realidad española, lejos de decrecer se ha acrecentado debido, en parte, a que los elegidos para representar al pueblo español, en vez de intentar entenderse, lo que han pretendido es mercadear con los votos, obviando por qué quieren gobernar y para qué quieren gobernar.









