Hace unas semanas el Sr. Ministro dio la orden de reducir la velocidad en carreteras y autopistas: a 110 Km/hora, y como propuesta y objetivo, ha sido por el ahorro de combustible, por los conflictos sociales que hay en los países árabes productores, de tan estimado producto.
¿Habrán hechado las cuentas?, pues a menor consumo, es igual a menor recaudación. A no ser que tenga Tráfico previsto excederse en el control del tráfico con los radares y los agentes de carreteras. Y los ingresos obtenidos por las multas superen la merma o diferencia de la gasolina ahorrada, y el coste de la innovación.
Creo que le habrán realizado un estudio pormenorizado y un presupuesto previo, un equipo de técnicos conocedor de las estadísticas del número de placas, que hay en el territorio nacional. Y del coste de: fabricación, transporte, reparto y sustitución.
Pues, ¿cuánto costará el cambio de las placas “sembradas” por todas las carreteras?. ¿No nos costará más el caldo, que la gallina?. Respecto al uso de las autopistas de peaje, no le encuentro las ventajas, que tenían con anterioridad a tal disposición que se ha decidido. Por lo que tendrán que reducir personal. Así como, la complejidad que tal medida, supone realizarla en una fecha determinada, para que surta efecto, porque se puede encontrar Tráfico, con aquello de que la señal -éstas no estarán cambiadas en Semana Santa- que no ha sido sustituida en el tiempo y forma -carga de la prueba-, dando lugar a recursos y pleitos, por ser la que acredita tal limitación. Pues, lo que garantiza la limitación de velocidad, es el cambio de la señal, y se puede dar el caso por desconocimiento o error del conductor. O que la placa no haya sido cambiada, la multa te llegue a tu casa, para disgusto tuyo y de tu familia, hoy que todos tenemos el dinero escaso. Y puesto, que hoy tenemos el dinero contado, no creo que lo despilfarremos de una forma alegre, despreocupada e irresponsable, por el precio que tienen los carburantes.
Habrá quien se lo piense, viajar en Semana Santa, o no. Primero, por el precio del combustible. Segundo, el tiempo de restado del empleado en el ida y vuelta, al lugar escogido del viaje, perjudicando a las zonas
turísticas, que esperan estas fechas como tabla de salvación.
¿Porque no limitan los fabricantes de vehículos la velocidad?, ¿es que no disponen de talento e ingeniería, y que nuestros propios vehículos estuvieran dotados de elementos técnicos para tal fin instalando en todos ellos limitadores de velocidad?.
Ángel Martín Medina









