No sé si será un problema de civismo, educación, facilidades, infraestructuras o qué, simplemente, no respetamos las cosas. El fin de semana pasado acudí con mi familia a una de las calas que se encuentran debajo del Faro. Aprovechamos la sombra de una pinada para instalar, como cada vez que bajamos, una mesa y unas sillitas. Un lugar fresco y agradable para pasar una jornada de playa. Cuál es mi sorpresa cuando, al llegar, compruebo que en la zona hay basura, latas, bolsas semi escondidas detrás de un árbol, colillas. Como no me gusta vivir en la inmundicia y me enseñaron que el monte se deja más limpio que como se encuentra, procedí a recogerlo todo, meterlo en una bolsa grande de basura y dejarlo en el maletero de mi coche. Bueno, pues así pasamos el día y, antes de recoger para volver a casa, compruebo que unos “vecinos” ya habían desmantelado campamento y cargado... pero ahí se dejaban sus bolsas. Yo me pregunto por qué les cuesta tanto meterlas en su coche y, como yo, tirarlas al contenedor. Con tanto guarro van a acabar cerrando la zona.









