Pedro Carbonell Lorente
 

Luna llena, obra menguante

 
Viernes 18 de julio de 2014 0 comentarios
 

l pasado domingo día trece que aun era luna llena, y para cumplir un capricho de mi mujer: sobre las ocho treinta de la noche, que todavía era de día y con el sol fuera, con nuestro coche y nuestra capaza de avituallamientos –bocadillos, patatas fritas, aceitunas, bebidas y algún dulce- sillas, mantel y mesa, y acompañados por una amiga, nos dirigimos los tres destino del Faro de Santa Pola, un lugar único y de un gran encanto digno de explorar y contemplar por cualquier vecino de la zona o visitante de estos contornos y que yo anteriormente ya había visitado muchas veces, acompañando a amigos y conocidos que suelen venir a visitarnos y que todos quedaban encantados de las vistas de este lugar.
En la anterior visita hace unos seis meses ya pude comprobar que se habían iniciado unas obras tan necesarias en el lugar, anunciadas y propagadas en algunos medios de la zona a bombo y platillo.
Pues bien, no pudo ser mayor nuestra sorpresa al llegar al lugar y ver tal desbarajuste y mayor desastre del lugar y de lo que dudo sepan y quieran hacer los responsables de tal evento en dicho paraje, me resulta difícil encontrar las palabras adecuadas para describir lo que allí nos encontramos, del intento de querer hacer y no avanzar por ninguna parte las obras, si se pueden llamar así lo que llevan entre manos los obreros X, dirigidos y asesorados por nuestros responsables XX, en mejorar el sistema turístico de las ofertas de interés que pueda ofrecer Santa Pola.
Tractores, dos casetas-barracones como oficina y servicios para los obreros, montones de tierra, piedras apiladas, muros a medio hacer, bancos que no existen, barandillas invisibles que delimitan la zona de gran peligro y de su protección para mayores y niños durante el día y mucho más necesarias durante la noche, sin ninguna señal de peligro…
Lo que allí encontré me pareció como los restos que suelen dejar los niños mal aplicados en una sala de juegos después de haber pasado largas horas jugando a la construcción con el Lego y abandonando por aburrimiento, en espera de que los padres consentidos ordenen tal desastre.
Recordaré que el día 13 de julio, en la noche se retransmitía la final del mundial de fútbol, de gran importancia para esa mayoría aficionada al espectáculo o cultura deportiva, como aquí llaman a tales confrontaciones.
También puntualizaré que a la misma hora un pequeño grupo de unas 25 ó 30 personas –niños incluidos- pudimos disfrutar de un maravilloso amanecer de la luna llena en todo su esplendor y que con muchas dificultades para acceder al lugar no podremos olvidar en mucho tiempo.
Como tampoco olvidaremos de la aventura para adentrarnos en un lugar con tantas dificultades, y tan recomendado en visitar, pero eso sí, dentro de un par de años cuando las obras ya estén acabadas, supongo.

 

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