Estos días se habla de la renuncia del Papa. Yo, como católico, como sacerdote casado he rezado y rezo mucho, pues el Papa es el sucesor de Pedro, persona de gran poder, pero poder de servicio.
Yo como, me dijo el Obispo don Pablo Barrachina, un día el 17 de marzo de 1976 en el despacho de él: “Ramón, te estás quemando”. Fue profeta, yo me entregué totalmente con todos mis defectos. Por ejemplo, construí dos templos, dos locales para reuniones y dos casas para el sacerdocio. Y todo sin un duro: el pueblo, mis manos, hicieron posible lo imposible.
Luego fundé los Quicos (Neocatecumenado), movimiento que hace mucha falta, pues es empezar el Cristianismo por el abecedario, ya que España es aconfesional, pero en el fondo el catolicismo de costumbre sigue reinando.
Luego visité más del 80% de los hogares, escuelas y en mi casa no había hora ni se pagaba nada. El cura era el criado. Los confesionarios, lugar del que algún día hablaremos, no tenían telarañas, se abrían todo el día ya que el pueblo lo necesita, si lo entiende, dada la ansiedad y depresión que tenemos.
Pues bien, todo ello me llevó a pedir un descanso, pues el cuerpo no soportaba este movimiento que no era otra cosa que serle fiel a Cristo con todos los defectos y equivocaciones que tenía. Eso, en grande, le ha pasado al Papa, está viejo, 86 años, está cansado, está enfermo y los problemas encima de la mesa no le dejan, aunque solo nos fijamos en los viajes, en los aplausos, etc.
Ahora se retira y vendrá otro Pedro que le dará otro cariz a la Iglesia: sacerdotes casados somos más de 100.000, seminarios cerrados por falta de vocaciones y, lo peor, los mismos, no digo todos, que se consideran católicos criticando, juzgando si una monja ha vendido niños, si un cura cobra 90 euros por una misa, si hay mucho oro en los templos…
Católico, si lo eres no te conformes con decirlo, colabora, ayuda, que todo irá a tu bien, aquí no se vende droga ni separaciones, ni guerras. Yo lo terminaría diciendo las palabras de Cristo: “En esto sabrán que soi s míos, en que os amáis unos a otros”.
Eso es lo que hay que hacer: más pan y menos mantel y pedir a Dios que los curas, los obispos y el Papa sean como él quería, que le dejaron pero vieron que solo en Cristo hay vida. Si los políticos, los sindicatos, los matrimonios, los jóvenes, los ricos, los pobres, todos y cada uno descubrieran el mundo que Cristo nos regaló, más ahora que empieza la Cuaresma. ¿Qué es la Cuaresma?, ¿qué es la Semana Santa? Pregúntatelo y no seas como el que dice “¡Qué bien, se ha muerto mi padre y no voy a escuela!”.
Ramón Pomares Piñol









