Bernard Gago
 

LAUREANO BRU SEVILLA

 
Viernes 25 de febrero de 2011 0 comentarios
 

En el periódico del viernes, 18-02, he leído con sorpresa, y con agrado, el escrito titulado “Todo ladrillo hace pared”, firmado por Laureano Bru, a quien conozco desde mi llegada a esta villa y con el que siempre he mantenido una buena amistad. Leído con atención el contenido del mismo, lo que nos quiere transmitir, aunque en parte está vedado con finura, es fácil colegirlo de su contexto: el autoritarismo de un alcalde de un lugar cualquiera de los muchos que abundan en esta España “democrática” desde el 77.
No lo cuenta la leyenda que es fantasía, lo cuenta la crónica urbana que es realidad. Los cronistas recogen lo que pasa en la calle, “los eventos consuetudinarios que acontecen en la rúa”, como dijera Antonio Machado y bien, por escrito o de palabra, como fieles juglares de corden en las plazas de los pueblos, se lo transmiten a sus vecinos. Y así comenzó la noticia: “Yo y 20 ‘escobas’ gano las elecciones”. Analizada esta frase, observemos la defectuosa expresión de un alcaldable de un pueblo grande con mar. Lo correcto hubiera sido “Yo gano las elecciones con 20 escobas”, ya que de su boca no hubiera salido la otra variante correcta: “20 escobas y yo ganamos las elecciones”.
Las conclusiones del ciudadano Laure son las adecuadas: endiosamiento del sujeto o ¿locura?, desprecio o menosprecio a sus colaboradores –¡mira, que calificarlos de escobas!–, falta de consideración a los votantes a los que les encasilla como súbditos, pues no hay más jefe que él ya que las escobas no pintan nada. Mientras el “one” tiene el mandato, todo el poder sale de él; pero, tras la derrota, los culpables del fracaso son los otros, los que le apoyaron, los que velaron por el buen gobierno de la ciudad, los que atendieron, cada uno en su misión, a los ciudadanos, los que ocuparon su lugar en sus ausencias; y todos medidos por el mismo rasero, ni listos, ni tontos… sin tener en cuenta las cualidades humanas que les eran propias en su dignidad.
Sí, hay que tener presente que “todo ladrillo hace pared”, pero también hay que tener presente que no todos los ladrillos son iguales. Unos son perfectos, “guapos” con mucha solidez de masa, y aguantan más empuje; otros, débiles “feos” en su estructura con defectos, destrozados por la paleta. Tú, amigo Laure, siempre fuiste de los primeros. Lástima grande que esos seres endiosados no sepan hacer distingos entre las escobas.

Bernard Gago

 

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