Pedro Carbonell Lorente
 

Las simples cosas

 
Viernes 20 de abril de 2012 0 comentarios
 

Chavela Vargas Costa Rica, 17 de abril de 1919)
Cumplir noventa y tres años no es cualquier cosa, …es vivir toda una vida, con todo lo que eso conlleva, y si se trata de un personaje como es Chavela Vargas, para los que la seguimos y admiramos, y los qué no, todos sabemos de las consecuencias.
Una vida es más vida cuando casi se alcanzan los cien, un centenario es mucho si de años hablamos, más de cincuenta regalándonos todo su ser, y el resto para su intimidad, a Chavela le queda poco por decir y a nosotros poco nos queda por saber de ella, cuánta vida le queda por experimentar, por aprender, y a nosotros con ella cuánto por escuchar y admirar.
Incansable, nunca derrotada, batalla tras batalla, cuando la creímos perdida regresó triunfante y con más fuerza que nunca para escribir en oro toda su historia a fuego, con su talante, sus interpretaciones y forma única de cantar y en muchos casos sólo decir, así nos fue clavando puñales de odio y de amor en nuestros corazones.
Hoy sentada en una silla de ruedas, - y nunca postrada- un D. Quijote en su Rocinante, como caída de ese mundo volátil del que siempre nos tuvo acostumbrados, a sabiendas que el cumplir cierta edad te compromete a ver la balanza vencida hacia el punto final, y en reconocimiento de su gran y último trabajo, -última entrega- el público que asiste a su estreno se vuelca como de un entusiasmo presto al dulce sacrificio de lo más inesperado por su falta de agilidad pero sí por su lucidez y sensatez, para dejarnos a todos sorprendidos y satisfechos, gritos de aprobación le aclaman, le arrebatan esa oscuridad o esa luz que se le vislumbra, y que se aferra a la vida que nace hoy, en cada día nuevo.
Pero ella, sabia y prevenida por cualquier acontecimiento imprevisto, y a pesar de saber que la gente le quiere, que su público es fiel y que le seguirá siempre, que los gritos de admiración son sinceros y que su entrega es recibida con fervor y aplausos como el reconocimiento y homenaje que siempre en vida se quiere para uno mismo recibir. Ella se encomienda a esos antepasados gloriosos que partieron con antelación alargando al cielo sus brazos para que le acojan en un futuro tan presente y cierto como la vida misma; la muerte, que no será final de una vida sino reencuentro con sus iguales, amigos y enemigos, donde todo será gloria de artistas y de poetas, de genios y de dioses, en el teatro del cielo.
Federico le espera, tienen mucho que hablar, muchas dudas que aclarar y mucha materia para seguir creando historias, poemas, canciones… en ese teatro del mundo invisible al que todos -un buen día- tendremos que asistir para seguir de cerca, y aclamar, como en la tierra lo hicimos.
(El último titular publicado en los medios de comunicación dice: “La luna Grande” Chavela Vargas enciende México con los versos de Federico García Lorca)
Queda dicho y …sin más comentarios..

Pedro Carbonell Lorente

 

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