El mundo cada día tiene más asignaturas pendientes. Tan importante como progresar humanamente es reactivar el cese de hostilidades a través de diálogos verdaderos, sin otro empeño que crecer como humanidad en legitimidad y en valores. A veces nos perdemos con historias que lo único que fomentan es la histeria colectiva, fruto de argumentaciones ilógicas y debates violentos. Hay tantos intereses en ocasiones que, en lugar de conversar y tomar en serio a quienes sostienen ideas distintas a las nuestras, propiciamos exclusiones, lo que hace arduo el entendimiento y la dinámica de la comunicación que crea relaciones sumamente necesarias e imprescindibles en un mundo globalizado como el actual. La sumisión a ciertas ideologías maliciosas nos están dejando sin alma, sin espíritu humano; y, lo que es peor, sin nervio, pues nos tienen colonizado el pensamiento con la maldad.
No estaría mal que cada cual se examinase para ver lo que ha hecho hasta ahora y lo que debe hacer todavía. Naturalmente no puede concebirse a la persona como individuo autosuficiente. Todos necesitamos de todos, mal que nos pese.









