la Europa de las diversas velocidades, no es la Europa que han querido construir sus fundadores. A mi juicio, ante este cúmulo de desajustes y desconciertos, el continente ha de reaccionar con otro espíritu más valiente, para hacer frente con la vitalidad y la energía del pasado, a los muchos problemas actuales. Unidos, nada se nos puede resistir. El mundo de los emprendedores siempre ha partido de este viejo Continente, el que ahora parece estar cansado y, lo que es aún peor, sin nervio; para poder reiniciar una apuesta contundente, en vista a que la ciudadanía pueda ser auténticamente solidaria y libre. Ya está bien de herirnos, de derrotarnos como ciudadanos, de sentirnos asediados por el pesimismo, es hora de hacer frente a las muchas oportunidades que se nos presentan. El compromiso, evidentemente, ha de ser común, comenzando por la acogida de los emigrantes, y apelando a la solidaridad con países que lo estén pasando mal, acogiendo con beneplácito cualquier decisión democrática que se tome.
Hoy Grecia lo está pasando mal, debido en gran parte al colapso financiero de 2007-08, del cual no fue responsable la nación helena, mañana puede ser otra nación; de ahí, la necesidad de reflexionar sobre la solidaridad, ya no como simple asistencia con respecto a lo más necesitados, sino como conciencia global de algo que no funciona, y como tal hay que buscar caminos, entre todos, para corregir o reformar lo que ha dejado de ser efectivo. No se trata de dar limosnas sociales, la ciudadanía pide dignidad, como es propio de un estado social, democrático y de Derecho. Por consiguiente, Europa debe volver a sus raíces de unidad y de ciudadanía, con una visión mucho más ética de las instituciones.









