Desde principios de los años 80, fecha en la que adquirí uno de los primeros bungalows de Las Gaviotas que más tarde fueron multiplicándose por la zona de Gran Playa, paso parte del verano en Santa Pola. Como es de suponer, contribuyo con los impuestos y tasas municipales estipuladas, como el resto de los vecinos, aunque recibo muy poco a cambio; yo no necesité escolarizar a mis hijos, hago uso en muy contadas ocasiones de la Sanidad Pública y mi área sufre una notable discriminación en cuanto a mejoras urbanísticas. Este año el Ayuntamiento nos ha cortado el suministro de alumbrado público, aludiendo que mi calle es privada (lo que no es impedimento para que, dada su proximidad con el campo de fútbol y mercadillo, circulen y aparquen en ella todo aquel que lo considera oportuno) y no podrá ser reestablecido hasta que nos hagamos cargo los vecinos no solo del pago del mismo, sino de nuevas instalaciones eléctricas así como de contadores y soportes de luz. Además del gasto que supondría ¿cómo creen que nos vamos a poner de acuerdo para acometer esta obra los 32 propietarios que componen la calle sin conocernos todos, ni coincidir en nuestra estancia, máxime cuando muchas viviendas llevan años sin ser ocupadas?
CARMEN BARBUDO SÁNCHEZ









