Conrado Bonmatí Campello
 

LA OTRA CARA DE LA NAVIDAD

 
Martes 31 de diciembre de 2013 0 comentarios
 

Navidad, es Navidad y a mi que me importa eso si yo he de seguir malviviendo con mi marginación a cuestas.
De luces y de colores se viste la gran ciudad, de palabras que anuncian una alegre Navidad. Pero yo miro con envidia al perro gordo que pasa, bien alimentado y abrigado con su mantita de lana y su collar de brillantes.
Perfumado y calentito; hasta le recogen la mierda que caga y le limpian el culito.
El duerme entre algodones, yo, lo hago entre cartones…
Navidad, tiempo de hipocresía, donde la gente se compra y se vende con regalos y sonrisas.
Navidad, es Navidad y a mi eso me da igual, si para mi son iguales todos los días del año. Navidad, es Navidad, soy la otra cara de la Navidad.
No me gusta la gente que maltrata a los animales, pero tampoco me gustan los que los tratan mejor que a las personas.
Desde la comodidad de nuestras casas, de nuestro sofá, vemos la vida, muchas veces, como si no fuera con nosotros.
Pocos son los que se involucran a favor de los más necesitados y marginados.
Un niño llora de hambre y muere de inanición. Pero mi mascota está bien alimentada.
Un hombre duerme en el suelo y se arropa entre cartones. Pero mi perro duerme entre algodones.
En el país faltan puestos de trabajo. En los hospitales faltan medios para combatir las enfermedades. Pero el ejército está bien surtido de barquitos, aviones y demás “juguetitos”. Nada les falta a los políticos y encima los que mandan nos roban, en salud y educación.
En la calle hay un mendigo que busca en las papeleras. ¿Qué buscará en ellas? Seguramente eso que a ti y a mi nos sobra.
Unos no tienen ni para comer decentemente. A otros les sobra el vino y el tabaco, y yo, tengo en mis manos el mejor móvil del mercado…
¿Quién puede sentirse orgulloso de vivir en esta sociedad? ¿Quién puede pensar y creer que todo va bien, rodeados como estamos de mentiras; de esa extraña y sospechosa justicia humana avalada por el poder y el dinero, por crímenes, racismo, hambres , guerras…?
Solo unos cuantos se implican de verdad en el asunto y defienden al pobre y al necesitado, los demás nos dejamos llevar. Y mientras, respiramos el aire de la comodidad y ese “bienestar” del que creemos disfrutar: coche, piso, vacaciones…
Y en el fondo, todos somos cómplices y soplamos a favor de ese aire destructor que nos envuelve.
Deberíamos ocuparnos un poco más de la felicidad de los demás, pues cuanta más gente feliz haya en el planeta mejores vibraciones recibiremos todos...

 

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